viernes, 14 de noviembre de 2014

La enfermedad argentina


La libertad es nada más, y nada menos, que el resultado del respeto irrestricto al orden natural. Es la aceptación de que ese orden es inalterable, y que de él devienen los únicos derechos que deben ser protegidos, los derechos inalienables (la vida, la libertad y la autonomía de cada ser humano).

Cuando este concepto es alterado o ignorado, los verdaderos derechos son cedidos en pos de falsos derechos. Se ceden la vida, la libertad y la búsqueda de la propia felicidad. Los administradores de nuestros derechos pasan a ser los burócratas de turno, quienes enquistados en el poder, generan una red cada vez más grande de cómplices, a quienes llaman asesores, ministros, funcionarios, etc.

En pocas palabras, la alteración del concepto de derecho, es una amputación de las características más humanas. Esto, a su vez, genera en el ser humano una serie de comportamientos propios de quienes luchan por sobrevivir en un ámbito dónde la vida no tiene valor. La desconfianza, el engaño, la mentira, la ignorancia pasan a ser protagonistas en la lucha por la supervivencia.

El caso de la sociedad argentina forma parte de esta descripción. Las excepciones a la regla existen, pero son cada vez menos. Una de las tantas muestras que avalan esta conclusión se pudo ver en la marcha denominada “13 N”, dónde ciudadanos convocados, principalmente, por medio de las redes sociales, han decidido manifestar su preocupación frente al atropello diario que se sufre desde los poderes gubernamentales.

El análisis posterior a la protesta se enfocó en la cantidad de manifestantes. El punto de comparación para determinar lo “mucho” o “poco” de la convocatoria, fueron marchas anteriores. Esta, ciertamente, no fue la que más ha convocado. Según se estima, en total, sumando los diferentes puntos de encuentro de los manifestantes, habrían asistido alrededor de cincuenta mil personas.

Lo llamativo del empeño por descalificar a la convocatoria a la manifestación no fue la descalificación en sí misma, sino quienes la han emitido.

Es propio de regímenes opresores poseer medios que trabajan como voceros, y que tienen como línea fundamental, la desacreditación constante a quienes levanten la voz para defenderse de la opresión. Esto no es novedad alguna.

Sin embargo, esta vez, no sólo en quienes operan y trabajan de oficialistas se ha visto el espíritu destructor, sino también en muchos grupos e individuos que forman parte de la corriente ciudadana opositora al régimen.

Los celos, los insultos, la descalificación y la chicana estuvieron a la orden del día. La búsqueda del culpable del “fracaso”, y cierto grado de satisfacción casi inocultable ante la supuesta “poca” participación en la marcha, formaron parte del debate posterior al “13N”.

Estos personajes se han aliado inconscientemente a su mayor destructor y han inaugurado la etapa del suicidio final de la sociedad. Consideran el número de manifestantes lo importante, cuando lo realmente importante es el mensaje. Son esos que, con palabras propias de la épica, reclaman en sus redes sociales que “nadie hace nada”, pero se enceguecen de  resquemor cuando alguien si lo hace. Son quienes exigen respeto a través del insulto. Son quienes acusan de cómplice a aquel que con lo único que tuvo (una fibra, una cartulina y sus músculos) marchó con un cartel en sus manos pidiendo respeto a la Constitución, mientras ellos vociferan slogans que siguen engordando la chances de los aspirantes a dictadores.  Son quienes piden sumar, pero restan.

Esto, no es producto de las malas intenciones, esto es producto de la gran enfermedad que acosa a las sociedades que se han olvidado de pensar, y han delegado su intelectualidad, su vida, el respeto a sí mismos y a los demás, a parásitos rentados.

El estilo chicanero, envidioso, destructivo para enfrentar cuestiones menores entre quienes debieran ser aliados frente a los temas mayores, acuciantes e indelegables; es propio de una sociedad que se disoció, que se quebró, que se mimetizó con el espíritu anti humano del socialismo.

La enfermedad argentina no tiene que ver con los límites geográficos, ni con la herencia sanguínea, tiene que ver con los síntomas propios de este sistema populista que desconoce la naturaleza humana, y que por lo tanto, la socava y destruye, transformándola en falta de  intelectualidad, falta de conciencia ante el peligro y  falta de respeto.

Muchos dirán que se trata de cansancio moral. Esto es mucho más. Es mucho peor. Es la desaparición de la principal brújula que guía hacia el progreso,  los parámetros morales;  y es imposible cansarse de lo que no se posee. Es agotamiento de quienes quieren el mal, pero también de quienes quieren el bien. Es cansancio de aquellos que dicen saberlo todo, pero también de quienes si lo saben. Es la fatiga de la tiranía, pero también de la república. Es la pretensión de sabiduría exaltando la ignorancia. Es la falta de distinción entre la buena y la mala fe. Es buscar sobrevivir comportándose como un suicida.

La crítica y el debate son la base de una sociedad sana, incluso el conflicto; pero hay distinciones que dividen las características de la discusión en comunidades con y sin libertad.

Es propio de una sociedad libre debatir las ideas, y es propio del fascismo debatir a las personas. Es propio de las sociedades libres exigir coherencia, es propio del fundamentalismo totalitario exigir infalibilidad a los seres humanos.  Es propio de la libertad una ciudadanía de adultos, es propio de los totalitarismos una masa de adolescentes de todas las edades.


La chicana no es una idea, es sólo eso, una chicana. Los celos no son una declaración de principios, son sólo eso, celos. Cincuenta mil personas, son sólo eso, un grupo de personas. El reclamo por la falta de libertad, la corrupción incesante y la desaparición del respeto a la Constitución, es eso, un reclamo; pero un reclamo de verdades, que no dejan de ser verídicas porque quienes las reclamen sean cincuenta mil, dos mil o absolutamente nadie. Y el valor, es sólo eso, valor, pero es lo que se necesita para construir, para decir las verdades y para resistir. 

Virginia Tuckey.-

viernes, 7 de noviembre de 2014

El EEUU postelectoral y la gran oportunidad del Partido Republicano

Las elecciones de medio término celebradas en Estados Unidos el pasado 4 de noviembre han sido de una contundencia incuestionable a favor del Partido Republicano.

El control en la Cámara de Representantes no estaba en duda, sin embargo, no se preveía que los republicanos iban a lograr un récord de recuperación de bancas (como no se veía hace casi cien años).
 En el caso del Senado, se han recuperado siete bancas (sólo se necesitaban seis para obtener mayoría)  y aún hay tres (Virginia, Alaska y Georgia)  a ser definidas próximamente.

Finalmente, lo más sorprendente, fue el caso de las gobernaciones, dónde todo indicaba que los demócratas iban a correr con cierta ventaja. No obstante, los republicanos tomaron el control en la mayoría de los Estados.

Sin dudas, el sistema de pesos y contrapesos que definen a una República, sigue en pie en el país del norte. Sin embargo, es este sistema, el republicano federal, el que está en juego. Hoy, más que nunca.
La etapa postelectoral nos presenta varios escenarios y abre varios interrogantes.

Lo primero a tener en cuenta es la etapa del “pato rengo”, tal y como se conoce en la jerga de la ciencia política, al tramo final que atraviesan funcionarios públicos electos. Los próximos dos meses no serán desperdiciados por aquellos que han sido reemplazados en su cargo. Harry Reid, líder de la mayoría demócrata en el Senado, ya planea su estrategia de seguir promoviendo más gasto y programas deficitarios enemigos de la propiedad privada, disfrazados de “ecológicos”.

A más largo plazo, se presenta la cuestión de cómo lidiar con un Presidente que afirma que “no va a esperar a que se legisle”, porque él tiene “una lapicera y un teléfono” que va a “usar para firmar decretos que provean a los americanos la ayuda que necesitan”. La ayuda que necesitan según Obama, su teléfono y su lapicera; y nadie más, ni siquiera aquellos que van a ser “ayudados”.

Para poder atravesar estos dos años, los republicanos electos deberán responder el primer gran interrogante de esta elección: ¿Qué pesó más? ¿El fracaso de la administración Obama o el liderazgo republicano en la defensa de los principios fundacionales?

La respuesta más contundente es que se votó en contra de Obama. También hay mérito del lado republicano, pero el mismo viene de sus bases, quienes se mantienen cautelosos ante el establishment del partido conservador, advirtiéndoles que no los sentaron en el Congreso para ser moderados frente a la destrucción de los principios que han forjado la federación americana, sino todo lo contrario. Exigen, hoy más que nunca, contundencia, claridad y honestidad intelectual para poder erigirse frente al gigante de la demagogia que ha invadido la Casa Blanca estos últimos años.

Los grandes temas que deberán enfrentar son: el debate sobre la eliminación (total o parcial) del seguro de salud “Obamacare”, la apertura para la construcción del oleoducto “Pipeline XL”, la inmigración ilegal y, el gasto y  estrategia con respecto al terrorismo que hoy  se ve vigorizado frente a un Estados Unidos ausente y falto de liderazgo.

Aunque el Presidente, en su discurso postelectoral,  dijo en tono firme “los escucho”; no tardó en dejar claro que, aunque su plan de salud (“Obamacare”) ha tenido siempre un piso de desaprobación del 60%, él no va a firmar absolutamente nada que postergue sus planes de llevar adelante la extinción de esta ley. Los escucho, pero los veto; mensaje claro y contundente del demócrata.

La obstinación de Obama en defender su agenda no va a cesar, pero va a encontrar, esta vez, detractores dentro de su propio partido. Las internas han comenzado hace meses, pero se avecinan tiempos de un total desapego de Obama, para brindar protección a la mimada demócrata del momento, Hillary Clinton.

El escenario político es inmejorable para el Partido Republicano. Una vez más, el pueblo americano les ha delegado la gran responsabilidad de ser los vigilantes de la República ante el caos causado, una vez más, por el socialismo demócrata (valga la redundancia entre caos y socialismo).


Las legislativas 2014 han dejado en claro que los americanos no quieren las políticas de Obama, no quieren un Estados Unidos tercermundista. Los republicanos que han sido puestos a cargo, tienen la gran responsabilidad de llegar a la Casa Blanca en 2016; y esto requerirá tener en cuenta aquel pensamiento de Goldwater que afirma “que a la hora de defender la libertad, la moderación no es ninguna virtud”.

Virginia Tuckey.-

martes, 4 de noviembre de 2014

Elecciones 2014: La desazón de Obama y la esperanza republicana


En el año 1845, el Congreso de los Estados Unidos decide que debía designarse un día para que los americanos pudieran votar. Quienes debían llevar a cabo esta decisión tuvieron que tener en cuenta varios factores. El primero era el viaje, en carreta o caballo; y el tiempo que el mismo llevaría. Se calcularon dos días, uno de ida y otro de regreso. A esto había que sumar tres días de culto y el día del mercado, que se llevaba a cabo los miércoles.

Ante este panorama, la única opción disponible resultó ser un día martes. Es por esto que las elecciones presidenciales y de medio término se llevan a cabo el martes siguiente al primer lunes de noviembre, una vez, cada cuatro y dos años, respectivamente.

Hoy, de 4 noviembre de  2014, se renuevan la totalidad de las 435 bancas de la Casa de Representantes y 36 de las 100 bancas del Senado.

La mayoría de la Cámara Baja se encuentra en manos del Partido Republicano y con chances de aumentar el número a su favor. La verdadera disputa se da en el Senado, dónde el control está dado por el Partido Demócrata. Los republicanos necesitan ganar seis bancas para lograr dominio de las dos Cámaras que conforman el Congreso americano.

La ansiedad se ha apoderado tanto de republicanos como demócratas, de los primeros por no querer cantar victoria antes de tiempo; y los segundos, por el panorama negativo que presentan las encuestas.

Algunos encuestadores dan una victoria amplia a los republicanos, otros ajustada. Sin embargo, el resultado definitivo lo darán las urnas; ya que en los Estados que van a definir el control de la Cámara Alta, los candidatos de ambos partidos se encuentran con pocos puntos de diferencia unos de otros.

También existe la posibilidad de que las elecciones no se definan hoy mismo, ya que estados como Georgia y Lousiana exigen un desempate (segunda vuelta) en caso que nadie alcance el 50% de los votos.

Cualquiera sea el resultado, el escenario se presenta adverso al Presidente Obama, quién viene descendiendo abruptamente en las encuestas. Los miembros de su partido evitan mostrarse con él, y la campaña presidencial de los posibles candidatos demócratas viene dada por la diferenciación con el actual presidente norteamericano. Esta tendencia de alejamiento se verá incrementada una vez que las elecciones de noviembre hayan concluido.

Los principales puntos que movilizan la discusión del electorado americano son la economía, el sistema de salud, la seguridad interna (ébola, inmigración) y externa (terrorismo). En todos los puntos, según encuestas, el electorado americano ve más capacitado a los republicanos que a los demócratas para poder llevar a cabo políticas que puedan lidiar con las amenazas y problemas que aquejan al país del norte.

Con respecto a los republicanos, hoy están frente a una gran oportunidad, con un panorama de inmejorables condiciones para lograr un triunfo contundente. El resultado no sólo dependerá del fracaso que ha resultado Obama como líder del mundo libre, sino también con la postura y firmeza de los republicanos, quienes en más de una oportunidad, han tratado con demasiada liviandad temas de suma importancia.

Hoy, cambia el contexto político de Estados Unidos, y esto impactará en el mundo entero. La federación y república más antigua del mundo, una vez más, demuestra lo maravillosa que es la verdadera política devenida de un sistema libre, dónde la última palabra no está dada por una asociación política o sus líderes, sino por los ciudadanos de la gran América.



Virginia Tuckey.-

lunes, 1 de septiembre de 2014

Ignorantes en pleno siglo XXI

La izquierda, TODA, se asombra de temas tales como pobreza, inseguridad y desempleo. Lo que más los deja atónitos ante la desesperación de la gente es que "estamos en pleno siglo XXI", como si el inexorable paso de los días, meses y años fueran los que definen el desarrollo.

Es increíble cuán minúsculos son los análisis y la necesidad de resolver cuestiones que ya pasaron a ser de vida o muerte.
Es tan fácil como abrir un libro, wikipedia, documentales de youtube, libros online, papers, documentos varios; para darse cuenta que el mundo ha sido salvaje, subdesarrollado, injusto en sus sistemas de gobierno hasta la creación de Estados Unidos de América. Desde entonces, el calendario empezó a importar, pero no porque defina el desarrollo, sino porque los seres humanos empezaron a vivir, y comenzaron a darle valor a la vida, y por ende, a la libertad.
Son pocas las cosas que hay que saber, sólo hay que querer. Mi sensación es que cuánto más avanza el calendario, menos se quiere comprender; y como consecuencia, nuestro SXXI no tendrá diferencia con el medioevo, con la diferencia que en aquellos días, el acceso a la información era casi imposible.

Hoy, la ignorancia no es justificada, es sólo símbolo de apatía, desidia y soberbia. Y como dijo Goethe, "la ignorancia es la madre de todos los crímenes". Nada es casualidad.

lunes, 25 de agosto de 2014

Reflexión sobre el resentimiento

Ver en los éxitos ajenos el fracaso propio y tener un fuerte instinto de querer tumbar al exitoso en vez de seguir su ejemplo; ESO es el resentimiento, el peor de los sentimientos, el más dañino.

Es mucho peor cuando lo que se envidia ni siquiera es un éxito sino producto de las avivadas y el robo; eso es el límite de la vileza de cualquier ser humano y es una plaga cuando se instala como característica generalizada de la sociedad, y se transforma en sistema político.

Después de esto, es lógica la degradación de los virtuosos y la escalada hacia el poder de los resentidos.

En el medio; los serviles y rastreros.

Abajo; el recto, el probo, el decente. Una minoría aplastada, pero la única con las características de las demás minorías que han provocado los verdaderos cambios honorables de la historia.

Virginia Tuckey

martes, 29 de julio de 2014

Reflexión sobre la cobardía argentina

Roberto García, desde su programa "La Mirada", opinó que el discurso del Presidente de la Rural, Luis M. Etchevehere, le pareció un discurso que bien podría haber sido pronunciado por alguien de “La Cámpora”.
Ese estilo gallinesco de García me llevó a la siguiente reflexión sobre algo que he observado siempre y considero uno de los graves problemas del país.
En Argentina hay una rara fascinación por ese estilo de hombre pollerudo, cobarde, con alma de llorón, corrupto (siempre backstage) y que llama "moderación" a la pusilanimidad. Este estilo, además, se confunde con honestidad, cuando en realidad, detrás de tanto modo apocado se esconde siempre el peor de los traidores. Estas características son propias de la UCR.
Por otro lado, está el estilo del peronista; maleducado, pollerudo también, experto en viveza criolla, corrupto (si se nota, mejor), adorador de los colores brillantes y exaltador de las vulgaridades. También traidor, pero es sumamente predecible en su accionar inmoral.
Ambos extremadamente hipócritas.
Estos dos estereotipos son los que abundan y son los que han marcado el andar de la Argentina. Cuando aparece una persona valiente, el cobarde estilo radical se exalta porque incomoda a su jefe, el maleducado peronista, y este último se acobarda porque sus negocios mal habidos y su red de chupamedias se pueden derrumbar.

Que sigan hablando los valientes, son los únicos que tienen voz, el resto son sólo ecos sórdidos del temor.

domingo, 20 de julio de 2014

El campo argentino: potencia mundial y guía de la República

Recorrer la historia de la República Argentina es un viaje que lleva directamente a la conclusión de que la mediocridad es hija legítima de la corrupción. Nada es tan evidente en la Argentina del siglo XXI como la mediocridad y, por supuesto, la exaltación de la misma.

A este mal puerto no hemos llegado de casualidad, ni siquiera es el lugar dónde la nación se ha iniciado. El espíritu que ha dado forma a nuestra República ha sido el de los derechos individuales, el del desarrollo, la educación, la cultura del trabajo; en definitiva, el espíritu virtuoso liberal.

Hace cien años, la frase que admite que las “comparaciones son odiosas” no aplicaba al lado argentino. Era nuestra la posición del buen ejemplo. Esto, en el siglo que nos cobija, ya es parte del olvido, al igual que muchas características de aquella Argentina que todavía habita en la mente de muchos extranjeros y de nostálgicos compatriotas, pero no de la realidad.

La educación, el desarrollo, las instituciones, las ideas de avanzada ya no son parte de nuestro orgullo, son sólo parte de un recuerdo lejano y de una preocupación actual permanente. Argentina ha entrado al siglo XXI del lado odioso de las comparaciones y ha sido por propio gusto. El olvido de algunos, la comodidad de otros, y sobre todo, la absurda moderación ante los atropellos más viles, han dejado un legado de tierra arrasada.

Este panorama de retroceso y de triunfo del corrupto sobre el íntegro, ha tenido una negativa influencia en el espíritu de un inmenso número de personas rectas y honradas. El exceso de realidad que entorpece la esperanza, desemboca irremediablemente en la idea que la mediocridad es absoluta, que los corruptos han ganado para siempre y que a los rectos y justos sólo les toca el camino de la sumisión o el exilio. Estos son los aires de derrota que se han impregnado en muchos argentinos de bien.

Observar la realidad con desilusión y preocupación no es ser pesimista, sino objetivo. Sin embargo, también es parte de esa objetividad, destacar que en este contexto absurdo aun quedan, como si fuese un tesoro por descubrir, un gran número de seres humanos que representan la reserva moral necesaria para el cambio.

Vale advertir, que no sólo es necesario contar con ciudadanos de valores insobornables, sino también con una organización de los mismos desde dónde puedan coordinar y  dar fuerza a sus ideas, costumbres y ganas de cambio.

Afortunadamente, entre este grupo de ciudadanos, hay un sector específico que cuenta con las características y la estructura necesarias para levantar, nuevamente, la Argentina del progreso. Me refiero al sector agropecuario.

En el campo argentino, no sólo encontramos la exaltación de la cultura del trabajo, sino también la preservación de las tradiciones más características de nuestra nación. El valor absoluto de la palabra como contrato inviolable, la condena social a quien lo viole, un espíritu único de fortaleza ante las adversidades, el don de la bondad y la generosidad propios de quienes piensan en grande y la valoración que se merece la formación y la educación.

Esto, que podría sonar como una exageración, es simplemente un resumen de las características más comunes del productor agropecuario argentino. Solo una síntesis de un pequeño grupo que contiene en su interior, no sólo valores, sino una organización, que si fuera apartada de todo lo que los rodea, podría considerarse la organización de un Estado libre y virtuoso.

 El campo, por su distribución territorial y organización gremial es federal, ellos generan el respaldo al peso argentino, generan además su propia infraestructura para poder abastecerse no sólo de agua, sino para abrir camino al transporte de su producción, y generar la energía necesaria para poner en funcionamiento los campos.

El productor argentino, a pesar del saqueo impositivo que sufre y el descrédito que la propaganda falaz le ha atribuido, es el único que aun nos posiciona del lado de las comparaciones virtuosas y no de las odiosas. Es quien compite mano a mano con las potencias mundiales,  quien aprende de ellos, pero también enseña a los productores del primer mundo a aplicar tecnologías que han sido desarrolladas con gran éxito en suelo argentino.

Todo esto sucede porque el campo argentino es una potencia en sí  mismo. Lo es a pesar del contexto de latrocinio que se les impone por la fuerza desde un Estado depredador. ¿Se han preguntado alguna vez cómo sería, entonces, si el contexto fuera regido por las reglas claras que no invaliden ni relativicen el concepto de propiedad, de libertad y de la autodeterminación de los individuos? Si hoy es potencia, ¿qué lugar ocuparía si la presión que los limita desapareciera? La respuesta la da la realidad; sería el granero, el ganadero, el sojero, el ejemplo del mundo.

Los objetivos son alcanzables y el cambio es posible; es el sector agropecuario el único que tiene la capacidad de lograr una transformación que nos devuelva a las raíces de nuestra nación. Para que la transformación comience, es necesario que quienes no pertenecen al sector, pero pertenezcan al grupo de argentinos de bien que quieren recuperar la República, se acerquen a las instituciones rurales, y que desde estos organismos abran las puertas a quienes quieren ser parte de la transformación.

Los cambios trascendentales que han dado la bienvenida a un mundo más libre, jamás han venido de la mano de mayorías masificadas y alienadas, sino de hombres éticos y de valor que han sabido ser libres, incluso, cuando las cadenas más les pesaban.

Cómo dijera el General Don José de San Martín, “hace más ruido un solo hombre gritando que cien mil callados”. Estamos ante la etapa más crítica de nuestra nación. Callarse no sólo es derrota, es también complicidad. Ha llegado la hora de gritar.

Virginia Tuckey ©

viernes, 9 de mayo de 2014

El asesinato de cristianos por ser cristianos

El papa Francisco lloró ante las imágenes de cristianos crucificados en Siria. Los católicos del mundo, más conmovidos por la imagen de Francisco que por aquellas de las victimas de la barbarie, han expresado en las últimas horas su indignación, no sólo con aquellos que han cometido estas atrocidades sino ante la falta de coraje de la Casa Blanca y de los líderes del mundo.
Estos nuevos indignados, lamentablemente, son aquellos que han rechazado todo enfrentamiento con el extremismo islamista por creerlo inexistente y producto del “fundamentalista George W. Bush” y “los extremistas fanáticos del Tea Party”.
Tal como podemos apreciar, el fundamentalismo y los fanáticos radicales se encuentran en un lado del mundo que una gran mayoría ha pretendido ignorar. Afortunadamente, y aunque a veces no suceda a tiempo, la verdad triunfa por sí misma.
La matanza de cristianos en África, Medio Oriente, e incluso India y Corea del Norte, ha ido en aumento e ininterrumpidamente desde el año 2010. El descontrol es consecuencia directa de la obediencia de Obama al clamor del mundo de dejar tranquilo al extremismo en nombre de un concepto de paz bastante perverso, pero ciertamente popular.
Los que sí han advertido esta situación han sido ciudadanos, políticos y periodistas conservadores de Estados Unidos, quienes han trabajado incesantemente durante todos estos años para advertir al mundo entero sobre lo que sucede a aquellos seguidores del cristianismo. Lamentablemente su iniciativa no ha logrado mayores repercusiones, ya que han sufrido en sus propias carnes ser calificados de extremistas.
Una vez más, el relajado mundo de los moderados, le debe una disculpa a aquellos que han advertido el peligro, incluso a costa de ser calificados de paranoicos. También las disculpas deberán ir dirigidas a aquellos cristianos asesinados, torturados, decapitados y violados por fundamentalistas radicales que encuentran apoyo en las Naciones Unidas en nombre de la tolerancia y la paz.
Una vez más, el mundo de los moderados que intentan imponernos su torcida moral y temen llamar al pan, pan y al vino, vino han demostrado que su falsa concepción de virtud está carcomiendo al Mundo Libre. Han olvidado, o tal vez nunca lo supieron, que para ser libres, como dijera Thomas Paine, la moderación en los principios no es virtud sino vicio.

Fuente: Fundación Heritage

domingo, 6 de abril de 2014

¡No Somos El Far West!

"Sostenemos como evidentes en sí mismas estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad." Thomas Jefferson, Declaración de Independencia de Estados Unidos

La conquista del Oeste americano sucedió luego de que el presidente Thomas Jefferson decidiera comprar el territorio de Lousiana. El avance hacia el Far West o Lejano Oeste significó una época de gran florecimiento cultural, económico, político y social.

Argentina está en un período dónde sucede exactamente TODO LO CONTRARIO a lo que sucedió en la conquista del Oeste americano, período de expansión de la base ética legal jeffersoniana (vida, libertad y búsqueda de la felicidad). En Argentina, hoy, se ven los resultados de haber entregado a los bandidos nuestra libertad, nuestra felicidad y nuestra autodeterminación.

Estos errores de diagnóstico y distorsiones, que son producto de la pereza y deshonestidad intelectual, siguen anulando las posibilidades de desarrollo y acelerando la debacle cultural y social de un país que, alguna vez, bajo la Constitución alberdiana de 1853, logró expandir la ética jeffersoniana y atravesó, como el Lejano Oeste, una etapa de verdadera expansión de la libertad. 

Virginia Tuckey © 
Directora Ejecutiva
Centro de Estudios "Thomas Jefferson"




martes, 25 de febrero de 2014

El plan detrás del caos en Venezuela

“No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia.” Montesquieu

Los acontecimientos recientes de Venezuela son simplemente las primeras consecuencias de un plan siniestro que se ha expandido rauda e irreverentemente en Latinoamérica.

El slogan propagandístico “Socialismo del Siglo XXI”, que intenta expresar vaguedades conceptuales muy convenientes a los maquiavélicos fines de la izquierda, ha servido como máscara del desconocido y nocivo Foro de San Pablo.

Ante la caída del muro de Berlín y la catástrofe soviética, que ya no tenía más opción que disolverse, Fidel Castro vislumbró que quedaba en soledad y financieramente perdido. Por lo tanto, decidió revivir los objetivos de la Conferencia de OLAS. Sabía que el mundo, momentáneamente, despreciaba al comunismo. Sin embargo, Latinoamérica era tierra fértil para las malas ideas.

En el año 1967, en La Habana, OLAS reúne a toda la izquierda del continente para expresar firmemente que “…los pueblos latinoamericanos deben oponer una estrategia común revolucionaria, fundamentada en un profundo sentido de la solidaridad, dirigida a la toma del poder mediante la lucha armada”.

OLAS fracasó en los 70, pero eso no evitó que el siglo XXI la vea renacer en la ciudad de Sao Paulo de la mano de Luiz Inácio “Lula” da Silva y Fidel Castro.

Corría el año 1990, el líder sindical brasilero (obediente al pedido del dictador cubano) reúne a toda la izquierda latinoamericana (movimientos, partidos políticos, grupos subversivos, guerrilleros, etc) en la ciudad de Sao Paulo. Allí, decidieron que la vía armada ya no era el camino, no porque creyesen en la democracia y la república, sino porque como estrategia política para la conquista del poder, resultaría sumamente impopular. Por lo tanto, acordaron que lo harían ganando elecciones. Esto era lo único que cambiaría, el objetivo que perseguían sería el mismo de siempre, “reconquistar en América Latina el imperio que se había perdido en Europa del Este” según palabras textuales del dictador Castro. Esto, en otros términos, sería la sovietización/cubanización del continente americano.

La crisis ética y moral de Latinoamérica, que ha guiado a sus ciudadanos a observar con beneplácito la corrupción obscena de los políticos por mucho tiempo, ha llevado a la izquierda del Foro de Sao Paulo a difundir un discurso de cambio, de renovación política y moral. Cada uno de ellos se adaptaría al contexto de sus países. Es por esto que Chávez negaría rotundamente, al igual que los Kirchner en Argentina, que ellos, bajo ningún punto de vista, tenían intenciones de cubanizar sus países.

Una vez en el poder, cada uno de ellos y en la medida de lo posible, tendría que cumplir con los pasos para que la revolución, tarde o temprano, se pudiera instalar. Lo primero y fundamental para que todo lo demás fuera posible era quitar el poder a las Fuerzas Armadas, al Poder Judicial, al Poder Legislativo, a la prensa libre, y finalmente, cambiar las Constituciones de cada uno de los países. O sea, destrozar de raíz la República, y con esto, el poder de los individuos.

Aunque parezca una locura, todo esto sucedió en gran parte del cono sur americano. Los países dónde más han avanzado en sus planes, por cuestiones de coyuntura, son Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela. No obstante, el poder del Foro de Sao Paulo llega a todos y cada uno de los países y su influencia no es menor, ni mucho menos, inofensiva.

Ante este panorama de peligro para las libertades individuales en gran escala, la acción del mundo libre ha sido prácticamente nula.

La Alianza del Pacífico promete generar un contrapeso a quienes pretenden cubanizar el continente. Un contrapeso que, ciertamente, no inclina la balanza de manera contundente a favor de la libertad y de los pueblos rehenes del Socialismo del SXXI. 

Los líderes del mundo libre, sobre todo de Estados Unidos de América, no han sido nunca claros al momento de expresar las dimensiones preocupantes que el Foro de Sao Paulo podría alcanzar. Parecen no advertir que el objetivo final es alcanzar la próspera y civilizada Norteamérica, hundiendo previamente el continente entero en la penumbra.

Mientras los venezolanos de bien enfrentan valientemente a un dictador que los amedrenta a punta de pistola y  los mata sin piedad, el Secretario de Estado, John Kerry y el Presidente, Barack Obama, han hecho declaraciones propias de líderes moderados del tercer mundo con respecto al conflicto.

Los tiempos se acortan y el triunfo de la libertad en Venezuela es fundamental. Si Maduro sale con la suya, la represión y la concentración de poder en dictadores con aspiraciones tiránicas que hoy gobiernan bajo el lema de Socialismo del SXXI, nos llevará a un peligroso escenario dónde narcotráfico, guerrillas y poder absoluto serán el cóctel perfecto para instalar el peso titánico del Estado, en su peor versión y respaldado por la peor de las ideas que el mundo haya conocido.

Es fundamental que Estados Unidos y los países alineados en la defensa de la libertad apoyen de manera irrestricta al pueblo venezolano y den a conocer al mundo que en Latinoamérica, el verdadero intruso, conspirador e invasor es Fidel Castro y su ambición desmedida por someter la libertad a sus caprichos tiránicos de convertirnos en la Unión de Repúblicas Socialistas Sudamericanas.


Exclusivo para Fundación Heritage