sábado, 11 de septiembre de 2010

¡Jamás Olvidaremos!


¡Y la bandera estrellada triunfante ondeará
Sobre la tierra de los libres y el hogar de los valientes!

11 de septiembre, 2001. A las 7:59 a.m., el vuelo 11 de American Airlines despegaba desde el aeropuerto Internacional de Boston, con destino a la ciudad de Los Ángeles. Luego de los procedimientos de rutina, a las 8:14am, la tripulación del vuelo 11 pierde contacto con el Centro de Tráfico Aéreo (ATC). El avión había sido secuestrado. Los terroristas habían tomado el control de la cabina e intentaron enviar un mensaje a los pasajeros, el cuál por error fue enviado al ATC: “Nadie se mueva. Todo va a estar bien. Si tratan de hacer algún movimiento, se pondrán en peligro ustedes y al avión. Quédense quietos”

Mientras tanto, en el mismo aeropuerto y tomando el mismo destino, a las 8:14 a.m. despegaba el vuelo 175 de United Airlines. La tripulación avisa que recibió una “transmisión sospechosa” de otro avión (casualmente, el vuelo 11), este fue el último contacto de los pilotos.

A las 8:44 a.m., el centro de control recibe la llamada de una azafata que manifestó: “Algo está mal. Estamos descendiendo rápidamente…”, “estamos volando bajo. Estamos volando muy, muy bajo. Estamos volando demasiado bajo”…” ¡Por Dios! ¡Estamos muy abajo!”. La llamada terminó. A las 8:46 a.m., el vuelo 11 de American Airlines se estrellaba en la Torre Norte del World Trade Center en la Ciudad de New York. Miles de personas murieron en el acto.

Los canales de noticias reportaban un accidente; en el mismo instante que el padre de Brian David Sweeney recibía una llamada de su hijo, quién se encontraba en el vuelo 175: "esto se está poniendo feo, papá…una azafata fue asesinada…parece que tienen cuchillos y Mace (spray pimienta)…dicen que tienen una bomba…está todo muy mal en el avión, los pasajeros están vomitando y sintiéndose mal…el avión está haciendo movimientos espasmódicos…creo que no lo está volando el piloto…creo que nos caemos…creo que intentan ir hasta Chicago y estrellarse en un edificio…no te preocupes, papá, si sucede, sucederá rápido…mi Dios!, mi Dios!”. El grito de una mujer se escuchó justo antes que la llamada se cortara abruptamente. A las 9:03 a.m. el vuelo 175 de United Airlines se estrellaba contra la Torre Sur del World Trade Center. Otras miles de personas murieron instantáneamente.

América estaba siendo atacada, el terrorismo había traspasado las fronteras y la silueta neoyorquina había sido mutilada. Los americanos no llegaban a entender cuál era el motivo de aquel acto, y trataban de comprender cuál fue el agravio que habían cometido que despertaba tanto odio hacia ellos. La respuesta más clara, la dio el entonces presidente, George W. Bush, cuando expresó: “Ellos odian lo que vemos aquí en esta sala, un gobierno elegido democráticamente. Sus líderes son auto-proclamados. Odian nuestras libertades; la libertad de religión, la libertad de expresión, nuestra libertad de votar, de reunirnos, y a tener desacuerdos”.

Lo que expresó el ex mandatario americano es la raíz de la cuestión. A los americanos los odian, los envidian; y no es para menos. Ellos dieron vuelta la historia del mundo. La Declaración de Independencia Americana fue la bofetada más contundente que recibieron los que se enorgullecían de su “sangre azul”. Ellos eliminaron la palabra plebeyo del diccionario. Ellos demostraron que “todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Ellos pusieron en jaque los totalitarismos y las mentiras monárquicas. Ellos demostraron que un granjero puede construir una república dónde no se rinde pleitesía a los parásitos. Ellos, de la nada, hicieron el mejor país que haya conocido la humanidad.

Esta es la excepcionalidad americana. Y esto es lo que se pretendía destruir el 11 de septiembre de 2001. Los terroristas hicieron lo suyo, y a su vez, muchos brindaban al unísono por la gran “hazaña” de Bin Laden, entre ellos, "intelectuales", maestros, ecologistas, empresarios, y hasta líderes de movimientos que llevan el estandarte de los derechos humanos.

La fiesta les duró poco. Por cada uno de los asesinados, decenas de miles de héroes salieron a combatir y enseñarles que una vez más “los que hacen la guerra contra los Estados Unidos han escogido su propia destrucción”

Nueve años después, aunque la guerra contra el terrorismo no ha finalizado aun, las redes del odio han sido acorraladas, y en gran parte desmanteladas.

Nueve años después, América sigue siendo la gran potencia mundial.

Nueve años después, el suelo americano no ha vuelto a ver el terror.

Nueve años después, volvemos a agradecer al pueblo americano y a sus soldados por defender la libertad del mundo entero.

Nueve años después, recordamos con tristeza el fallecimiento de las casi tres mil personas en los atentados del 9/11.

Nueve años después, New York sigue siendo LA GRAN CIUDAD.

Nueve años después, la llama de la libertad sigue encendida, y los libres del mundo juramos mantenerla viva, porque prometemos ¡NUNCA OLVIDAR!

¡Qué Dios bendiga a los Estados Unidos de América!

VIRGINIA TUCKEY.-