lunes, 10 de mayo de 2010

Arizona: ¿Ley o No Ley?, esa es la cuestión


La decisión de la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, de establecer una ley para hacer frente a aquellos que quieren habitar suelo estadounidense en la ilegalidad, ha traído una oleada de declaraciones de doble standard que pretenden confundir sobre la naturaleza de la ley.

Contra la misma se manifestaron no sólo artistas, sino también importantes mandatarios. Entre ellos, Felipe Calderón, presidente de los Estados Unidos Mexicanos, país que por medio de sus leyes opresoras se ha transformado en un país de emigrantes. Además de ser una nación que alberga en su interior a los más grandes carteles de drogas de Latinoamérica, las cuáles se extienden sin piedad por el resto del continente y del mundo.

El presidente mexicano ha declarado su disconformidad expresando lo siguiente: "Toda regulación que se centre en criminalizar el fenómeno migratorio (...) abre la puerta a la intolerancia, al odio, a la discriminación, al abuso en la aplicación de la ley"

Es muy curioso que estas declaraciones salgan de la boca de un mexicano, sobre todo, siendo el presidente de la nación. No nos olvidemos que este señor juró su presidencia sobre la constitución mexicana, la cual, expresa fervientemente una discriminación entre todo nacido en México y el inmigrante. La constitución del país azteca desconoce la igualdad del extranjero en los derechos laborales, por medio del artículo 32, que expresa que “Los mexicanos serán preferidos a los extranjeros en igualdad de circunstancias, para toda clase de concesiones y para todos los empleos, cargos o comisiones de gobierno en que no sea indispensable la calidad de ciudadano.” También prohíbe al extranjero meterse en política, en su artículo 9, que dice lo siguiente: “Solamente los ciudadanos de la República podrán asociarse o reunirse pacíficamente para tomar parte en los asuntos políticos del país”, complementándolo (para que no se mal interprete el término “ciudadano”) con el art. 33, que sostiene “Los extranjeros no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país.”

Evidentemente, un mexicano en Estados Unidos puede hacer lo que a un americano se le prohíbe en México, pero, como corresponde, de esto nadie habla, ya que puede quedar en evidencia la politiquería miserable de las republiquetas bananeras que se encuentran al sur del Río Grande.

Sin embargo hay algo que a Calderón preocupa muchísimo y lo destaca en su discurso al referirse “al abuso en la aplicación de la ley”. Es una consideración muy noble, y hasta podríamos decir un mea culpa por parte del mandatario, ya que cualquiera que lo escuche, y conozca en profundidad los problemas fronterizos de México, jamás va a pensar que hace referencia a la frontera norte, sino a la frontera sur. Es aquí, entre el límite de Guatemala y México que se cometen los más grandes agravios y violaciones contra los derechos humanos por parte de la ‘migra’ mexicana. Es en este mismo lugar donde los migrantes centroamericanos son revisados de la vuelta y el revés en búsqueda de documentación que avale la estadía en suelo mexicano, y si esto no se prueba, el detenido en cuestión será deportado, previo maltrato y despojo de bienes. Por supuesto, la constitución también se refiere al tema de la deportación, aclarando que “El Ejecutivo de la Unión tendrá la facultad exclusiva de hacer abandonar el territorio nacional, inmediatamente y sin necesidad de juicio previo, a todo extranjero cuya permanencia juzgue inconveniente.”(art.33). Así de conciso y fácil…Mrs Brewer, ¡vaya tomando nota!

Sin embargo, esta serie de contradicciones que se generan en una sola frase, no tienen ni el más mínimo de comparación con lo que continuó del discurso, dónde el presidente advierte que los inmigrantes mexicanos contribuyen al desarrollo del país del norte, a pesar que los americanos “llegan a rayar en la explotación de los trabajadores”.

Ante esta afirmación, Calderón debería tomar YA MISMO cartas en el asunto, para que sus paisanos no sufran en manos de los salvajes que viven en un mundo de explotación. Debería de exhortar a todos a volver a México, dónde los salarios (en blanco) son veinte veces más bajos que los de Estados Unidos (en negro), considerando por supuesto, que para obtener una paga se necesita trabajo, palabra que ya se va extinguiendo en la Latinoamérica que fervientemente aclama los derechos del trabajador a no trabajar.

Las declaraciones siguen, y no pierden la línea de inconsistencia. Esto llama mucho la atención, ya que es inconcebible que a un hombre preparado como es el presidente mexicano, se le escapen tantos detalles.

¿Habrá otro motivo por el cual, por medio de la demagogia, se intenta desviar la atención del verdadero problema que lleva al 70% de la población de Arizona a adoptar una ley para controlar la inmigración?, ¿Cuál es el verdadero problema?

Para responder esta pregunta, hay que observar el panorama en su totalidad. Antes que nada, tomemos la palabra "legal", que significa “prescrito por ley y conforme a ella”*. La ley, existe para ser cumplida. Hay leyes buenas y leyes malas, esta clasificación se puede obtener según los efectos que provoque la misma. Cuando un estado adopta leyes buenas, obtiene como resultado, prosperidad y libertad. Lo contrario pasa cuando se adoptan las malas. El hombre que vive bajo el yugo de las leyes que coartan las libertades y las riquezas, no va a dudar un minuto en aprovechar una oportunidad de evitar esta realidad.

El problema se plantea, cuando alguien se aprovecha de la libertad que le provee determinado sistema legal, pero evitando la conformidad con el mismo. Este es el ejemplo de los miles de individuos que entran a Estados Unidos buscando el sueño americano, el cuál es simplemente el producto de sus instituciones y leyes, y el respeto que los habitantes de estas tierras les conceden, ya que si así no lo hicieren, tendrían su freno o sanción. Lo que demuestra, que la igualdad ante la ley, no solo está para aquellos que la respetan, sino para aquellos que quieran pisotearla. Por ejemplo, un hombre honrando sale beneficiado, un ladrón termina preso, sin importar color, raza, o país de origen. Entonces, ¿qué pasaría, si lo ilegal se transforma en legal por el simple capricho de un presidente que pretende ser reelecto porque sus políticas lo han llevado al subsuelo de la popularidad por mal estadista? La respuesta es simple, el ladrón no iría preso, y los demás ladrones se sentirían incentivados al robo, creando un estado de caos. Y por supuesto...el presidente sería reelecto!

Llevando esto al escenario de los inmigrantes, la política debería ser la misma, el legal es un americano más, el ilegal debe ser sacado del sistema. Sin embargo, esto no sucedió en Estados Unidos, país que acoge a miles de inmigrantes, que desesperados, cruzaron fronteras de miedo, para simplemente poder comer a diario. Lo importante a veces es efímero ante lo urgente, y por eso el hambre pudo más que las leyes y las fronteras. Sin embargo, en la nueva tierra, es necesario acceder a ciertos ‘accesorios’ que permiten entrar en el sistema, lo que plantea un nuevo desafío -si los que pretenden obtenerlos están en un marco de ilegalidad-. Es aquí donde nace el primer gran problema, el robo de identidad. Miles de ilegales obtienen números de seguro social e identificaciones que pertenecen a terceros, para así poder acceder a servicios, tarjetas de créditos, etc. Esto benefició a los bancos que rápidamente crearon seguros contra el robo de identidad, pero provocó el enojo de aquellos ciudadanos que en la legalidad forjaron cuidadosa y responsablemente su credibilidad ante entidades crediticias, para ver todo destruido en cuestión de segundos. A pesar de esta situación, Estados Unidos evitó una política rigurosa de cumplimiento de la ley inmigratoria, incentivando así, más inmigración ilegal.

La falta de la aplicación de la ley, impulsó a que la inmigración ilegal ocupe más terreno, y vaya por mucho más. Según pasaron los años, el robo de identidad dejó de ser importante, no porque se haya detenido, sino porque un nuevo fenómeno le hacía sombra. Los carteles mexicanos irrumpieron con todas sus fuerzas en los estados del sur de los Estados Unidos de América, siendo Arizona uno de los más afectados.

El “Estado del cobre” y del Gran Cañón empezó a encontrarse con una realidad que desconocía por completo. Sus casas y propiedades empezaron a ser invadidas, sus habitantes tomados como rehenes en mano de hombres exageradamente armados. Las tapas de los diarios destacaban hechos en gran escala de casos de violaciones, torturas, trata de personas, bestiales asesinatos y cuerpos tirados por el desierto. Todas estas atrocidades tenían un punto en común, venían siempre de la mano de los integrantes de redes de narcotráfico mexicanas, sobre todo del cartel de Sinaloa.

Las costumbres de los ciudadanos empezaron a cambiar, el miedo dejó de ser algo poco común, y Phoenix, pasaría a la historia no solo por ser la capital de Arizona, sino también la capital NACIONAL de los secuestros.

Las redadas de los agentes de seguridad del estado no eran suficientes, ya que se enfrentaban a un enemigo que venía preparado como quién va a la guerra. Entre túneles que conectaban los países, equipos infrarrojos para cruzar la frontera y mucho armamento militar, los solados de la droga empezaron a condicionar la tierra de la libertad.

Ante este nuevo problema, el presidente Barack Obama, junto con el mandatario mexicano, Felipe Calderón, decidieron aunar esfuerzos para detener la violencia y el narcotráfico. Por parte del mexicano, además, se pudo escuchar la frase ‘guerra contra el narcotráfico’, al mismo tiempo que el presidente norteamericano, agregaba por su lado “que lo principal que necesitamos es mejor vigilancia”, pero que esto se adoptaría solo si “…los pasos que hemos tomado pueden suprimir algo de la violencia". Un año después la violencia sigue igual o peor, y las fuerzas de vigilancia nunca llegaron.

La impotencia de quienes reclaman seguridad, se transformó en un gritó que sobrevoló el mundo, después que el granjero Rob Krentz fue encontrado asesinado brutalmente en su propiedad. Este señor de 59 años, un típico ranchero americano, era uno más de los individuos indignados con la inmigración ilegal, sin embargo, sus vecinos lo conocían como ‘el que daba agua y comida a los ilegales’ que invadían sin tapujos su tierra. El haber sido respetuoso de las leyes, el haber pagado sus impuestos y el haber exigido seguridad, le valieron al granjero varios tiros a él y a su perro. Sus últimas palabras fueron ““illegal alien”…“hurt” (“inmigrante ilegal”…”herido”).

El caso Krentz fue la gota que rebalsó el vaso, y la gobernadora Brewer hizo un llamado a Obama para pedirle que despliegue las tropas de la Guardia Nacional en la frontera. El pedido no obtuvo respuesta, por lo que se promulgó la ley SB 1070. Una vez aprobada y firmada, los anitamericanistas de siempre pusieron el grito en el cielo, escupiendo improperios tales como “ley racista”, “ley de la Gestapo”, “ley que atenta contra los latinos”, “ley anti-inmigrantes”, y muchos etcéteras.

La verdad es que la ley SB1070, no es contra la inmigración como advierten los titulares de los diarios, sino que es contra la inmigración ILEGAL, o sea, contra aquellos que pasando por encima de todas las instituciones buscan beneficiarse de las mismas. Además, esta ley reivindica a aquellos inmigrantes que buscaron el sueño americano por medio de la legalidad, el esfuerzo y el trabajo duro que permitió que se destaquen en un país extranjero, tratando de imponer como incentivo el buen ejemplo, y no el malo.

Otra de las falacias a desmitificar es que la ley permite a las fuerzas de seguridad usar el método de la Gestapo de detener en cualquier lugar, en cualquier momento, a cualquier persona, para pedir documentación (método permitido en los países latinoamericanos). Lo cierto es que los papeles van a ser pedidos a posteriori que una falta se hubiese cometido. Por ejemplo, si un automovilista es detenido por conducir por encima de la velocidad permitida, y el mismo es extranjero (del país que sea) y no puede probar que está dentro de los parámetros de legalidad, será investigado y sancionado.

No es una ley compleja, ni contradice ningún principio de la declaración de independencia, ni la constitución nacional, ni la más mínima coma de ninguna enmienda.

El único pecado de Brewer es querer hacer cumplir las leyes de inmigración. La comunidad latina se siente muy agraviada ante semejante desatino, ¡cumplir la ley!, ¿para qué?, ¿acaso no se dan cuenta los americanos qué bien nos va en Latinoamérica con nuestro sistema del ‘todo vale, menos lo legal’? ¿Qué se creen estos ‘gringos’ para querer hacerle frente al narcotráfico?, ¿cómo se van a financiar campañas políticas y gobiernos de tíranos ?, ¿qué va a pensar nuestro amigo Ahmadinejad de nosotros? Son muchas los interrogantes de una gran parte de la comunidad latina, pero de nada deben preocuparse, Shakira se está ocupando del asunto, seguramente va a lograr mucho, ya que debe recibir el sabio consejo de su suegro, el fallido y nefasto ex presidente argentino Fernando De la Rúa.

Todo parece querer encontrar un rumbo, sin embargo, la lucha acaba de empezar. La paz de un gran estado se consume al fuego de las armas intoxicadas de odio y resentimiento, dejando a su paso las cenizas de víctimas inocentes. Las voces de los defensores de derechos humanos defienden al criminal una vez más, y muchos se alegran de ver el sueño americano amenazado.

A pesar de tanto esfuerzo, no lo van a lograr, pues les tengo una mala noticia; en la tierra de los hombres libres y valientes, el gran ave Phoenix, nuevo y resplandeciente, va a renacer en medio de las cenizas, para acompañar al Águila Calva, en su vuelo de perpetua libertad.

¡Qué Dios bendiga Arizona, y los Estados Unidos de América!

Virginia Tuckey.-

*www.rae.es