viernes, 4 de noviembre de 2011

Argentinos: De libres a plebeyos


Si la mayoría de los argentinos se dieran cuenta en lo que se ha convertido su país, no resistirían las ganas de echarse a llorar. Abrir los ojos por un minuto, ver el lugar que ocupamos en el mundo, comparar lo que fuimos con lo que somos y tomar noción de lo que podríamos ser, desvelaría a más de uno.


Esta afirmación no la hago desde un pedestal de pedantería, sino desde la simple observación y la comparación. La preocupación que muchos compatriotas tienen hoy por nuestro país no es menor, pero muchos de ellos todavía creen que en Argentina quedan aun algunos rasgos de lo que alguna vez fue un país de libres e iguales, dónde la prosperidad y la dignidad eran realidades.


La situación del país es hoy muy distinta. Los valores que forjaron una nación sobresaliente han desaparecido, y con ellos, se han desvanecido nuestras libertades, el respeto por el prójimo, los buenos modales, y el amor por la libertad.


El gran protagonista de esta decadencia ha sido, sin lugar a dudas, el Peronismo. Este movimiento canalizó resentimientos y los convirtió en un modo de vida. Descendiente del Fascismo, basó su discurso en el nacionalismo y el populismo. Hizo uso de los éxitos de la Constitución alberdiana para fomentar la idea de superioridad del ser argentino, aniquilando así la verdadera razón de los grandes logros de la joven nación, su sistema republicano liberal.


Una vez que se confundió la superioridad del sistema con la superioridad del ser humano por el solo hecho de haber nacido dentro de una frontera específica, el resto de las contradicciones vinieron por añadidura.


El foco de la educación dejó de ser la excelencia y pasó a ser la idolatría al líder peronista y su mujer, Eva Perón. Los niños de primer grado debían repetir “Evita y Perón me aman”. Como dice el dicho, “miente, miente, que algo quedará”, y fue eso lo que sucedió en Argentina. La mentira fue reemplazando a la verdad hasta instaurarse como la madre del pensamiento medio.


Los sesenta años que dividieron al primer gobierno de Perón con el Kirchnerismo, incluyeron distintas etapas en la historia del país. Gobiernos democráticos, guerrilla terrorista marxista, dictaduras militares, el advenimiento de la democracia nuevamente, pero nunca más, la prosperidad y la libertad que precedieron a Perón.


En la etapa posterior a la última dictadura militar, la mentira se termina de consumar. Los argentinos se olvidan definitivamente de Alberdi y la república, para embanderar a Raúl Alfonsín cómo prócer de la democracia, la cual muchos confunden con republicanismo. Los guerrilleros marxistas se convirtieron en adalides de los Derechos Humanos y las ideas de izquierda en el padrenuestro de la clase media.


Las consecuencias del cambio de paradigma tuvieron sus impactos más inmediatos sobre la economía, pero no logró reflejarse rápida y contundentemente sobre la sociedad y sus modos. Este fue un proceso lento.


Este nuevo rumbo ideológico que habían emprendido los argentinos, se impregnó en todos los ámbitos de la sociedad y propagó ideas falsas, que fueron tomadas como verdades absolutas. Cualquiera que se anime a contradecir dichas ideas, es condenado socialmente y calificado incluso de insano. Es muy difícil encontrar un ámbito educativo dónde se puedan refutar o debatir estos postulados; todo debe admitirse sin chistar, si no se quiere ser víctima de la burla de catedráticos y alumnos.


Estas ideas que parecieran tener un eco casi unánime en toda la sociedad, son esencialmente socialistas y responden a una contradicción constante. Nada causa más orgullo en nuestro país que saber que Ernesto Guevara fue argentino, incluso la comunidad homosexual argentina levanta la bandera de este falso héroe, negando así el odio que él les tenía. El antiamericanismo es irracional, y al mismo tiempo las ganas de sacarse una foto en el Rockefeller Center es incontenible. Consumir la tecnología, moda y medicina de los norteamericanos es prioridad para los argentinos, pero eso no quita que en el pensamiento popular se tenga la idea, y se lo diga a viva voz, que los norteamericanos son estúpidos.


Incluso los referentes de DDHH en Argentina han sido personajes con pasados y presentes oscuros, que contradicen el aprecio a la humanidad constantemente. Entre estos ejemplo, tenemos a la idolatrada Hebe de Bonafini, fundadora de ¨Madres de Plaza de Mayo¨, quién festejó los ataques terroristas contra el World Trade Center aquel 11 de septiembre negro.


Las banderas de la hoz y el martillo son moneda corriente en universidades y manifestaciones, por lo general, expuestas junto al símbolo de la paz. El dinero es visto como el mal de todos los males, pero la ostentación es un signo cultural muy de moda.


Muchos también creen que la revolución francesa fue previa a la revolución americana y que esta última tiene más que ver con los tiranos que con las libertades.


Estas confusiones, entre muchas otras, son consecuencia directa de años de adoctrinamiento que usa como fuente de alimentación el ego. Para explicar esto, la manera más práctica es observar al argentino medio actuar en un país extranjero. Todo lo atropella y habla a los gritos. Cuando dice la palabra ¨Argentina¨ espera ansioso los halagos que cree debe recibir, pero queda estupefacto cuando se da cuenta que muchas veces no se conoce, ni siquiera, la ubicación geográfica del país.


La sensación que se percibe cuando muchos argentinos exponen sus ideales, es que en los límites fronterizos se levantó una gran muralla y que nosotros creamos nuestra propia realidad imaginaria para escapar a los sentimientos encontrados que dejó el hecho de haber sido grandes y haber caído torpemente en el abismo. Esta ficción disfrazada de ideología entra constantemente en contradicción con las acciones de los individuos, pero a pesar esto, siguen sosteniendo efusivamente la mentira.


La contradicción constante obtuvo finalmente una voz que transformaría las prédicas constantes de los argentinos en realidad. Néstor Kirchner, quién comienza su presidencia con un apoyo del 22% del electorado, supo interpretar perfectamente cuál era el discurso que debía instalar. Supo también, que aunque muchos dijeran no estar de acuerdo con él, en el fondo aplaudirían sus manifestaciones.


Y así sucedió, las políticas de izquierda que caían simpáticas a la mayoría de los argentinos iban a materializarse finalmente.


La bandera del socialismo, el ataque a la prensa, confiscación de fondos jubilatorios, la estatización de Aerolíneas Argentinas, el reclamo por Malvinas, ex guerrilleros en el Congreso y en el Ministerio de Defensa, subsidios a malos actores, a científicos que nunca descubrieron nada y a intelectuales que defienden el ¨modelo¨ de gobierno oficial; planes sociales, fútbol ¨gratuito¨ que se paga con impuestos, fondos de provincias que desaparecen, presidentes que se niegan a dar conferencias de prensa, un pueblo que los justifica, sindicalistas y empresarios socios de la corrupción, estudiantes con morral, barba y tatuaje del ¨Che¨ que acuden a la agresión cuando el argumento se les termina, funcionarios que cierran las importaciones a la tecnología pero que traen de sus viajes oficiales al primer mundo toda la línea de computadoras Apple, y la repetición constante de las mentiras articuladas por agentes del gobierno. Todo esto, fue avalado por el 53.75% de los argentinos habilitados para votar.


En ese porcentaje podemos encontrar, casi sin excepción, contradicciones constantes. Ellos suponen que el dinero es el principio de todo mal y odian a los ricos, sin embargo, cuando justifican su voto, la única razón que consideran es la mejoría en su propia economía, y no les molesta en absoluto el majestuoso enriquecimiento de la familia presidencial. Odian a Estados Unidos y pregonan que la educación estatal Argentina es la mejor, pero aplauden que la hija de la Presidente acuda a estudiar a una universidad privada en New York y viva en un piso frente al Central Park. Hablan del monopolio mediático, y cuando nombran a dicho monopolio, enumeran distintas empresas de medios que responden a distintos dueños. Dicen que hay que vivir de lo ¨nuestro¨, pero son justamente ellos quienes viven de lo ajeno. Si alguien no coincide con sus ideas o modelo de país, no intentan debatir, simplemente se agrupan y a los gritos intentan refutar todo pensamiento crítico al grito de ¨fachistas¨ y ¨gorilas¨. Ellos se autodenominan seres pensantes y pacíficos, quienes no crean eso, explican, están corroídos y alienados por los medios que no son afines al gobierno. Se dicen mayoría, y creen que eso les daría derecho a manejar las vidas de las minorías, pero en realidad fueron diez millones que hoy pretenden decidir sobre la vida de los otros treinta millones.


Estas contradicciones no son casuales, son simplemente la causa del despilfarro de dinero que el Kirchnerismo vino haciendo todos estos años. En este grupo tenemos subsidiados, nuevos empleados públicos, hijos y familiares de funcionarios que conocieron la buena vida desde que parte de los impuestos pasan a sus bolsillos.


Todo esto fue posible por una única razón, el precio de las commodities, que dieron a Argentina una oportunidad histórica de desarrollarse tanto económica como socialmente. Tuvimos la oportunidad que las villas miserias desaparezcan, que la industria se desarrolle, de atraer inversión de todo tipo y alentar la competencia, de federalizar el territorio, de tener ciudadanos emprendedores y ricos, que no necesiten las migajas del estado. Pero no, mientras los productores trabajaron para aprovechar esa gran oportunidad, los Kirchner y sus secuaces se dedicaron a dilapidar en militancia y propaganda, se dedicaron a intimidar a quienes trabajan y a reducir libertades.


Hoy, Argentina es líder en inflación. Sus ciudadanos son monitoreados si intentan comprar dólares. La fuga de capitales no se detiene, y a pesar de los controles, el Banco Central debe intervenir día a día para que el precio del dólar no se dispare, sin poder siquiera así, controlarlo.


El narcotráfico ya asomó sus narices de manera contundente, y vamos rumbo a ser el próximo México. Desde el gobierno dicen que ahorrar en dólares no conviene, pero el Ministro de Economía y la Presidente tienen sus ahorros en esa moneda.


Las contradicciones y resentimientos de la mayoría de los argentinos, encontraron lugar en el Kirchnerismo. Tuvieron la fortuna de encajar en un contexto económico internacional inmejorable para nuestro país. Esta situación les dio letra y más soberbia. Vuelan sobre su ego, porque creen haber descubierto alguna fórmula que todavía no logran entender, pero que les permite vivir sin trabajar. Allá, compenetrados en su ¨yo¨ supremo, negando la inflación y la fuga de capitales, votaron eufóricos por el modelo que les dio alas. Todo tipo de improperios fueron enviados a la oposición vencida. Los festejos duraron varias horas. Cuando la fiesta terminó y la resaca de la victoria no había desaparecido aun, la poca confianza en el peso argentino llevó a la ciudadanía a una nueva contradicción, hacer colas para obtener dólares.


Aquella “mano invisible” que depositó en las urnas el aval a la intervención suprema del gobierno en la vida de las personas, queda hoy estupefacta cuando intenta comprar cien dólares y un agente impositivo, sin mucha explicación, se lo niega.


Mientras tanto, los que votaron al socialismo opositor, se quejan que no existen contrapesos que defiendan a los individuos y sus libertades, sin darse cuenta que lo que exigen es opuesto a la ideología que avalan.


Los libros, las experiencias de otros países y del nuestro, demuestran que el socialismo no es sinónimo de individualidad y que la única garantía de libertad es tener un sistema institucional republicano, dónde la separación de poderes funcione y las libertades de las minorías no puedan ser eliminadas por ningún resultado electoral contundente.


Aprender de la historia es la vía fácil, pero si esto no sucede, los pueblos que pusieron en la mesa de apuestas su propia libertad a cambio de satisfacer caprichos momentáneos, estarán condenados a vivir como plebeyos.


El futuro de Argentina y sus ciudadanos ha sido echado a suerte. Las mayorías decidieron que las minorías no importan. Tal vez, cuando sea demasiado tarde, muchos despierten del letargo, y coincidirán con San Agustín, quién sostuvo, que “nadie puede ser perfectamente libre, hasta que todos lo sean”.


Virginia Tuckey.-

lunes, 4 de julio de 2011


FELIZ 4 DE JULIO!

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Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad." (Declaración de Independencia de los Estados Unidos; 4 de julio, 1776)

miércoles, 11 de mayo de 2011

Obama: El amigo de los enemigos


El día 1º de mayo el mundo se enteraba de la muerte del terrorista Osama Bin Laden. El presidente y Comandante en Jefe de los Estados Unidos de América, Barack H. Obama, anunció la novedad a las 11.35pm (hora de Washington D.C.) ese mismo día.

En este mensaje, reconoció el esfuerzo de los soldados, de los servicios de inteligencia y por supuesto, remarcó enfáticamente (y de una manera un poco infantil) que fue “bajo su dirección” que esta operación fue posible, y quién “determinó” la estocada final fue él.

Evidentemente, el señor presidente está muy preocupado en que la gente recuerde quién es el Comandante en Jefe; ¿acaso nadie lo sabe? Pues sí, lo sabe todo el mundo. Entonces, ¿por qué el presidente Obama, necesita recalcar varias veces lo evidente? ¿Será para demostrar que sus contradicciones con respecto a la guerra en Medio Oriente resultaron efectivas? ¿Para borrar aquel episodio dónde uno de los más respetado generales del ejército norteamericano, el General McCrystal, lo trató de inepto y confundido con respecto a los temas bélicos que se estaban llevando a cabo? ¿O simplemente es esta una buena manera de empezar la campaña para la presidencia de 2012? Veamos.

La necesidad del presidente norteamericano de convencer al mundo de su capacidad de líder no es casualidad. Sólo basta revisar sus declaraciones y posturas tambaleantes con respecto a la estrategia de la administración Bush para enfrentar al terrorismo fundamentalista islámico.

Barack Obama llega al poder prometiendo al pueblo americano “esperanza” y “cambio”. Con estas dos palabras encasilló su campaña, para dar a entender que la política llevada a cabo por la administración Bush cambiaría radicalmente bajo su mandato. Entre estos cambios se hacía referencia a la guerra del Medio Oriente, a Guantánamo, y a la postura de EEUU ante nuevas posibilidades de entrar en una guerra, entre otras cosas.

En su corta etapa como senador, se opuso rotundamente a la guerra en Irak, la creyó inmoral, y no consideró a Saddam Hussein una amenaza. De hecho, una vez en la presidencia, especuló con la idea de levantar cargos penales contra la administración Bush por este mismo tema.

La liviandad con la que Obama acusaba a sus adversarios políticos, ha demostrado su incapacidad de entender al verdadero enemigo de los Estados Unidos. El, como gran parte de los medios, hicieron gran esfuerzo para mostrar al mundo un Bush asesino y un Saddam Hussein inocente.

El actual presidente ignoró la realidad de la pelea que se estaba dando en Irak. Esta era muy diferente a lo que él y sus medios amigos dieron a conocer. Las fuerzas americanas no pelearon solas, sino que tuvieron como aliados los que en principio peleaban en el bando enemigo. Estos eran miles de civiles iraquíes, que se congregaron en diferentes grupos y pelearon junto a las fuerzas americanas. Incluso, en la entrada final a la ciudad de Bagdad, las fuerzas armadas iraquíes desestimaron las órdenes de Hussein y dejaron pasar a las fuerzas americanas y sus aliados. Saddam Hussein cayó, y el pueblo iraquí festejó. El mundo entero siguió estos acontecimientos por televisión, mientras los iraquíes festejaban su nueva esperanza de libertad. Sin embargo, el futuro presidente, y entonces senador, no estuvo de acuerdo con la idea de eliminar al dictador que financiaba el reclutamiento de suicidas para la red terrorista Al Qaeda, y que tiempo atrás había aniquilado a su propio pueblo con armas químicas.

Este mandatario, que hoy se congratula por la caída de Bin Laden, se opuso a la intervención militar que se llevó consigo a un feroz y maligno dictador; que democratizó a un país sumido en la más atroz de las dictaduras, y que además, permitió capturar a
al-Zarqawi quién junto con Bin Laden y en el mismo grado de importancia, estaba entre los terroristas más buscados.

Obama, además, entró en la línea de aquellos que –de manera disimulada- justifican el terrorismo, argumentando que es una respuesta a las intervenciones militares de los Estados Unidos. Nada más lejos de la realidad que estas manifestaciones. Sólo vale recordar las veces que el demócrata Bill Clinton, siendo presidente, pudo detener a Bin Laden y no lo hizo. El marido de la actual Secretaria de Estado, Hillary Clinton, desestimó cada uno de los mensajes que los servicios de inteligencia de su país le enviaban. Solo necesitaban su orden para poder apresar a Bin Laden y sus secuaces (entre ellos dos de los que se inmolarían luego en las Torres Gemelas), y no lo hizo. A pesar de este guiño “pacifista” a los terroristas, ellos no se detuvieron, y mataron a 3000 inocentes el 11 de septiembre del 2001, además de otros miles alrededor del mundo.

Entre los dislates del hawaiano, podemos recordar también cuando prometió cerrar Guantánamo. Esta promesa surgió como una buena manera de conseguir electores, ya que fue muy polémica la utilización del método “waterboarding” para obtener información de los terroristas que amenazaban y amenazan la seguridad del mundo entero. Obama, entonces, se comprometió a cerrar la Base Naval. En enero de 2009 cumplió su promesa, y con bombos y platillos firmó el cierre de Guantánamo, prometiendo que métodos como “waterboarding” no se utilizarían más. Dos años después, y sin pedir disculpas, firmaba la reapertura de Guantánamo. Dos años después, no usó el “waterboarding” con Osama, sino que ordenó que le peguen un tiro en la cabeza.

Como podemos ver, con sus discursos, Barack Hussein nos quiso hacer creer que el mundo era un paraíso amenazado por la desafortunada administración Bush. Esta estrategia conquistó las urnas, y el hawaiano llegó así a La Casa Blanca. Sus disparates pronto lo dejarían en evidencia, y cada una de sus promesas se convertirían en rectificaciones constantes.

Quiso investigar a la CIA, enjuiciar a Bush y su equipo; intentó cerrar Guantánamo y llevar a los terroristas a tribunales comunes; convenció que en su administración EEUU no entraría a ninguna guerra tan fácilmente y sin previa aprobación del Congreso. Este pomposo discurso progresista le valió el premio Nobel de la Paz. Sin embargo, a sus electores, les valió el papelón de haber sido tan ingenuos. Hoy en día, los récords de Obama muestran que tuvo que agradecer a la CIA por el trabajo de inteligencia llevado a cabo en la operación Gerónimo (captura de Bin Laden), la cuál no podría haber sido posible sin la información obtenida en Guantánamo de los prisioneros que fueron sometidos a los métodos de interrogación “waterboarding”; por no contar la guerra que inició en Lybia sin pedir autorización alguna al Congreso.

¿Obama se dio cuenta que estaba equivocado y siguió la misma línea política que la administración anterior? ¿Maduró el actual Comandante en Jefe y está dispuesto a dar batalla a los sanguinarios terroristas, o cometerá el mismo error que Clinton?

Las respuestas a estas preguntas no se obtienen observando al Medio Oriente, ni a la operación que terminó con Bin Laden. Al Qaeda ya estaba debilitada cuando Obama asume su presidencia, y cualquier éxito que se diera en su mandato fue servido en bandeja al actual presidente. Hoy, la política americana encuentra una amenaza mucho mayor, y nuevamente, en su propio territorio. El narcotráfico, asociado con las redes terroristas islámicas, operan en la frontera México- EEUU. En territorio estadounidense, se cometen asesinatos, secuestros y las grandes ciudades van convirtiéndose de a poco en un polvorín.

La actitud de Obama ante este conflicto fue la desidia y la defensa a ultranza de aquellos que rompen todos los esquemas legales. Como Clinton, Obama se lava las manos a la hora de enfrentar la amenaza más grande que enfrenta su país en este momento. La negligencia de Clinton, hizo que los americanos tengan que lamentar 3000 muertes; la incompetencia de Obama, y su cretinismo de usar el conflicto fronterizo para ganar votos, podrían costar mucho más caro; tan caro, que no sólo la prosperidad de este país se vería amenazada, sino su más anhelado tesoro, la libertad.

Virginia Tuckey

lunes, 17 de enero de 2011

¡Demagogos!


El 8 de enero pasado, en la ciudad de Tucson, estado de Arizona, Jared Lee Loughner hirió a trece personas y mató a otras seis. Entre los heridos se encuentra la congresista demócrata Gabrielle Giffords; y entre los muertos, el juez federal John Roll, quién fuera nominado en su momento por el ex presidente republicano George W. Bush.

Minutos después de la masacre, la noticia empezó a correr por todos los medios. Lo primero que se supo es que la congresista estaba muerta, que el autor del hecho era miembro del Tea Party y ex combatiente en Afganistán (esto último expresado por la senadora demócrata Linda López). Lo que se supo más tarde, es que toda esa información era FALSA.

Los datos concretos y verdaderos son los siguientes: Jared L. Loughner es oriundo del Condado de Pima, Arizona. Tiene 22 años. Consumidor de drogas alucinógenas, y dueño de un récord de denuncias en su contra. Entre su literatura favorita destaca “El Manifiesto Comunista” de Karl Marx, y “Mi Lucha” de Adolf Hitler. Quienes lo conocen manifestaron que este personaje siempre presentó signos de inestabilidad emocional y comportamientos extraños. Hace unos meses atrás, compró un Glock 9mm, arma que usó para el crimen. No es miembro del movimiento Tea Party. Fue rechazado cuando intentó alistarse en la milicia de su país. Su víctima más resonante, la congresista Gifford, no está muerta.

Cuando toda la información errónea fue desechada; el periodismo, los medios y algunos políticos demócratas se dieron cuenta que fue poco inteligente la intentona de crear un perfil falso de Loughner para hacerlo pasar por un ultra conservador. Por lo tanto, después del tropiezo, se apeló al uso del arma que la izquierda mejor sabe usar, la demagogia.

La frase que se instaló de modo masivo fue “Heated Speech” o “Heated Rhetoric” (discurso acalorado – retórica acalorada). Con estos “slogans” conectaron inmediatamente a los miembros del Tea Party, acusándolos de hablar demasiado, de manera odiosa (léase “desenmascarar los planes socialistas de Obama y defender la constitución”), incitando así a la violencia. Por lo tanto (según la “lógica” demócrata), el culpable de la masacre no era el inestable Loughner, sino las figuras más representativas del movimiento conservador; Sarah Palin, Glenn Beck y Rush Limbaugh.

Como prueba contundente para sostener las acusaciones, se refirieron a un mapa de Estados Unidos que fue colgado en el sitio www.sarahpac.com. En el mismo se podían ver varios estados apuntados como blancos u objetivos. Esto hacía referencia a los lugares dónde el poder recaía en manos demócratas, y dónde había que trabajar en la difusión del mensaje conservador para conseguir más cantidad de votos que los contrincantes. No es un chiste, esa fue la prueba.

A pesar de todo, una vez más, la hipocresía de los demagogos saldría a la luz. Condenados por la verdad y los archivos, pudimos enterarnos, que tiempo atrás, el hoy presidente Barack Obama había dicho (refiriéndose a los republicanos) "If they bring a knife to the fight, we bring a gun." (si ellos traen un cuchillo, nosotros traeremos un arma (de fuego)”. Tampoco quedó atrás el vicepresidente Biden cuando expresó “"If I hear one more Republican tell me about balancing the budget, I am going to strangle them." (Si escucho a un republicano más hablarme de equilibrar el presupuesto, lo estrangulo).

También quedaron al descubierto cuando se supo que los círculos usados en el mapa de Palin, no hacían referencia a la mira telescópica de un rifle, sino que es un símbolo estándar usado por el “US Geological Survey” para indicar un punto principal. De hecho, el dibujo que sí usó símbolos que hacían referencia al tiro al blanco, fue un mapa diseñado por los mismos demócratas, en el cuál, al pie del mismo, se podía leer la leyenda “detrás de las líneas enemigas”. Datos estos, lo suficientemente candentes, como para que ningún periodista de la “mass media” acusadora se hiciera eco del “heated speech” de la izquierda.

Todo este aparato difamador, llevó a Palin a expresarse públicamente acerca de lo sucedido y de las acusaciones que recaían sobre ella y el movimiento que lidera. Manifestó su total repudio hacia el hecho violento sucedido en Tucson. Llamó a la reflexión sobre la paranoia instalada, citando una expresión de Reagan que dice “debemos objetar la idea que cada vez que la ley se rompe, la culpable es la sociedad y no el criminal”. Hizo manifiesta su indignación con aquellos que quieren endilgarle un crimen que no cometió, para lo cual usó la expresión “blood libel” (libelos o calumnias de sangre). Por esta enunciación, Palin fue acusada nuevamente de expresarse mal y faltar el respeto a la comunidad judía. La respuesta en defensa de la ex gobernadora de Alaska fue hecha por el profesor de Harvard Alan Dershowitz, explicando que “el uso de esta expresión forma parte de la lengua inglesa para referirse a falsas acusaciones que recaen sobre alguien”, y que por lo tanto, Palin la uso del “modo correcto”. También, miembros de la comunidad judía americana, seguidores de la líder conservadora, expresaron su apoyo a la misma y rechazaron la idea que la connotación de la frase ‘blood libel’ responda a fines anti semitas en el contexto en que Palin lo expresó.

Todas estas idas y venidas, ataques y defensas, acusaciones y contestaciones, fue lo que ocupó la atención de los americanos durante la última semana. El resto del mundo, por supuesto, se enteró de los hechos y del debate que se generó. Como no podía ser de otra manera, al cruzar la frontera, la información llegó a medias. Tal es el caso, de la nota escrita por Andy Judd para el diario argentino Perfil, publicada el día 14 de enero. El título dice: “Sarah Palin no vio el borde del precipicio”. En el mismo, asegura que Palin DENOSTÓ a sus ENEMIGOS. Asegura que “los analistas de los medios de comunicación, vieron en Palin nuevamente una figura desentonada”; y reclama furioso y sorprendido que “para colmo llegó a decir en el video que ‘si los hombres y mujeres fueran ángeles, no habría necesidad de gobernarlos’”. Para demostrarles a sus lectores que el peso de la razón recae sobre su análisis afirmó que “los críticos norteamericanos en general rechazaron su explicación (la de Palin) mencionando que apenas se acordó del sufrimiento de las victimas en su larga alocución”.

Lo curioso de la nota de Judd, es que nunca aclara quienes fueron los analistas espantados con los discursos de Palin, tampoco habla de cuál es la reacción de la mayoría de los norteamericanos ante el comportamiento de los medios. Otra cosa para destacar, es que este individuo pareciera desconocer que hoy en día existe internet, lo que nos da acceso directo al discurso de Sarah Palin y refuta de manera contundente sus afirmaciones y percepciones sobre la figura desentonada de la líder conservadora, y sobre su denostador discurso. Quién entienda inglés y esté interesado en ver el video, se dará cuenta que Judd se equivocó de canal.

Lo más aberrante de esta nota, es el espanto con el cual el autor se expresa ante la frase “si los hombres y mujeres fueran ángeles, no habría necesidad de gobernarlos”. Para empezar, la traducción que se hizo no fue exacta, lo que Sarah Palin dijo fue “Si los hombres y mujeres fueran ángeles, no habría necesidad de tener un gobierno”. Hay una gran diferencia entre tener un gobierno que está destinado a proteger el sistema institucional republicano a tener un sistema que gobierna directamente a los hombres.

De todos modos, no es la traducción lo controversial, sino la percepción de alarma que tuvo el redactor sobre la frase misma. Este enunciado es original de James Madison, a quien se lo recuerda como el “Padre de la Constitución de los Estados Unidos de América”. Fue publicada en el paper número 51 del Federalista cuando se debatía el sistema por el cual se iban a regir los estados, y es una de las más recordadas ya que la filosofía que nace a partir de ese pensamiento está directamente relacionada con la formación del sistema que rige en Estados Unidos, y que –no nos olvidemos- tantos beneficios trajo al mundo entero. Cuando Palin lo parafrasea no lo hace fuera de contexto, sino que lo expresa luego de poner de ejemplo el legado de los Padres Fundadores.

Afortunadamente, los americanos ya no escuchan solo las voces de los analistas políticos que intentan embaucar la república norteamericana y al resto del mundo. Ellos aprendieron que Obama fue un error, que llegó al poder por el uso de la demagogia, y por un pueblo que se rindió a los pies de lo políticamente correcto.

Dieron un paso atrás, pero lo supieron remediar agrupándose y creando un movimiento espontáneo que revivió los valores de los Padres Fundadores. Las artimañas del pasado, ya no obtienen el resultado esperado. El último estudio de Gallup, demostró que sólo el 35% cree que hay conexión entre la retórica conservadora y el crimen de Arizona, mientras que un 53% rechaza ese vínculo. Una encuesta llevada a cabo por CBS News, expresó que el 57% de los encuestados rechazan la idea sobre la responsabilidad política.

El Tea Party está cambiando Washington. Los progresistas americanos están molestos y libraron, una vez más, la batalla mediática, sin importarles siquiera tomar ventaja de una tragedia. No funcionó antes, no va a funcionar ahora. La revolución conservadora ya comenzó, ya se instaló, y es, arrolladoramente, imparable.

Virginia Tuckey©