martes, 9 de noviembre de 2010

Discurso de Ronald Reagan en la Puerta de Brandemburgo (Berlín, 1987)*


Muchas gracias.

Canciller Kohl, Alcalde Diepgen, damas y caballeros: hace veinticuatro años, el presidente John F. Kennedy visitó Berlín y habló a la gente de esta ciudad y a todo el mundo desde el ayuntamiento. Bueno, desde entonces otros dos presidentes han venido, cada cual en su mandato, a Berlín. Y, hoy, yo mismo realizo mi segunda visita a vuestra ciudad.

Nosotros, los presidentes americanos, venimos a Berlín porque es nuestro deber hablar, en este lugar, de libertad. Debo confesar que también nos atraen hasta aquí otras cosas, el sentimiento histórico de esta ciudad, más de quinientos años más vieja que nuestro propio país; la belleza del Grunewald y el Tiergarten; y sobre todo, vuestro coraje y determinación. Tal vez el compositor Paul Lincke comprendió algo sobre los presidentes americanos. Veréis, como tantos otros presidentes antes que yo, vengo hoy aquí porque dondequiera que vaya, haga lo que haga: Ich hab noch einen Koffer in Berlin. [Aún tengo una maleta en Berlín].

Nuestra reunión de hoy está siendo retransmitida a toda Alemania Occidental y a Norteamérica. Tengo entendido que se está viendo y escuchando en el Este. A aquellos que nos están escuchando desde el Este, unas palabras especiales: aunque no puedo estar con vosotros, me dirijo a vosotros tanto como a los que están aquí ante mí. Pues me uno a vosotros, tal como me uno a vuestros compatriotas en el Oeste, con esta firme e inalterable convicción: Es gibt nur ein Berlin. [Sólo hay un Berlín].

Detrás de mí se alza un muro que rodea los sectores libres de esta ciudad, parte de un vasto sistema de barreras que dividen todo el continente de Europa. Desde el Báltico hasta el sur, esas barreras cortan Alemania en una herida de alambre de espino, hormigón, patrullas con perros y torres de vigilancia. Más al sur, puede que no haya ninguna barrera visible y obvia. Pero sigue habiendo guardias armados y puestos de control; sigue habiendo una restricción al derecho de viajar, sigue siendo un instrumento para imponer sobre los hombres y mujeres comunes el deseo de un Estado totalitario. Sin embargo, es aquí, en Berlín, donde el muro emerge con mayor claridad; aquí, cortando vuestra ciudad, donde las fotografías de las noticias y las pantallas de televisión han dejado una imprenta brutal de un continente en la mente del mundo. De pie ante la Puerta de Brandemburgo, cada hombre es un alemán, separado de sus semejantes. Cada hombre es un berlinés, obligado a contemplar una herida.

El presidente von Weizsacker ha dicho: «la cuestión alemana permanecerá abierta mientras la Puerta de Brandemburgo permanezca cerrada». Hoy yo digo: mientras la puerta esté cerrada, mientras se permita esta herida de muro, no es sólo la cuestión alemana que permanece abierta, sino la cuestión de la libertad de toda la humanidad. Pero no he venido aquí a lamentarme. Puesto que encuentro en Berlín un mensaje de esperanza, incluso a la sombra de este muro, un mensaje de triunfo.

En la primavera de 1945, el pueblo de Berlín salió de sus refugios antiaéreos para encontrarse con la devastación. A miles de millas, el pueblo de los Estados Unidos salió en su ayuda. Y en 1947, el Secretario de Estado, como se ha dicho, George Marshall anunció la creación de lo que se daría en llamar el Plan Marshall. Hablando hace exactamente 40 años, dijo: «nuestra política no va dirigida contra país o doctrina alguna, sino contra el hambre, la pobreza, la desesperación y el caos».

En el Reichstag, hace unos momentos, vi una placa conmemorativa de este 40º aniversario del Plan Marshall. Me sorprendió una pintada sobre una estructura quemada y destartalada que se estaba reconstruyendo. Tengo entendido que los berlineses de mi generación pueden recordar haber visto pintadas como esta por todos los sectores occidentales de la ciudad. La pintada simplemente rezada: «El Plan Marshall está ayudando a fortalecer el mundo libre». Un mundo libre fuerte en Occidente; ese sueño se hizo realidad. Japón se alzó sobre sus ruinas para convertirse en un gigante económico. Italia, Francia, Bélgica, prácticamente todas las naciones de Europa Occidental renacieron política y económicamente; se fundó la Comunidad Europea.

En Alemania Occidental y aquí en Berlín, tuvo lugar un milagro económico, el Wirtschaftswunder. Adenauer, Erhard, Reuter y otros líderes entendieron la importancia práctica de la libertad; que así como la verdad puede florecer solamente cuando se le da libertad de expresión al periodista, igualmente la prosperidad sólo puede darse cuando el campesino y el empresario gozan de libertad económica. Los dirigentes alemanes redujeron los aranceles, ampliaron el libre comercio y bajaron los impuestos. Desde 1950 hasta 1960, el nivel de vida en Berlín Occidental se dobló.

Donde hace cuatro décadas había escombros, existe hoy en Berlín Occidental la mayor producción industrial de cualquier ciudad en Alemania; ajetreados edificios de oficinas, bonitas casas y apartamentos, orgullosas avenidas y amplios jardines y zonas verdes. Donde parecía que se había destruido la cultura de una ciudad, existen hoy dos grandes universidades, orquestas y una opera, incontables teatros y museos. Donde había necesidad, existe hoy abundancia; alimentos, vestido, automóviles; los maravillosos productos del Ku’damm. De la devastación, de la ruina misma, vosotros los berlineses habéis reconstruido, en libertad, una ciudad que, una vez más, se cuenta entre las más grandes de la Tierra. Puede que los soviéticos tuvieran otros planes. Pero, amigos míos, hay algunas cosas con las que los soviéticos no contaron: Berliner Herz, Berliner Humor, ja, und Berliner Schnauze. [Un corazón berlinés, un humor berlinés y, sí, un Schauze berlinés].

En la década de los 50, Kruschev predijo: «os enterraremos». Pero en Occidente hoy vemos un mundo libre que ha alcanzado un nivel de prosperidad y bienestar sin precedentes en toda la historia humana. En el mundo comunista vemos fracaso, retraso tecnológico, niveles sanitarios en declive, incluso necesidad del tipo más básico: demasiada poca comida. Incluso hoy, la Unión Soviética no puede alimentarse a sí misma. Después de estas cuatro décadas, entonces, una conclusión inevitable se alza ante el mundo entero: la libertad lleva a la prosperidad. La libertad viene a sustituir los antiguos odios entre las naciones por civismo y paz. La libertad es la vencedora.

Y puede que ahora los propios soviéticos, a su manera limitada, se den cuenta de la importancia de la libertad. Oímos mucho de Moscú acerca de una nueva política de reforma y apertura. Se han liberado algunos presos políticos. Algunas emisiones occidentales ya no son interferidas. Se ha permitido a algunas empresas económicas operar con mayor libertad frente al control del estado.

¿Son estos los comienzos de cambios profundos en el Estado soviético? ¿O son gestos simbólicos, para dar falsas esperanzas a Occidente, o para fortalecer el sistema soviético sin cambiarlo? Nosotros damos la bienvenida al cambio y a la apertura; porque creemos que la libertad y la seguridad van juntas, que el avance de la libertad humana sólo puede fortalecer la causa de la paz mundial. Hay un signo que los soviéticos pueden hacer que sería inconfundible, que avanzaría enormemente la causa de la libertad y paz.

Secretario General Gorbachov, si usted busca la paz, si usted busca la prosperidad para la Unión Soviética y Europa Oriental, si usted busca la liberalización: ¡Venga a este muro! ¡Señor Gorbachov, abra esta puerta! ¡Señor Gorbachov, haga caer este muro!

Entiendo el miedo a la guerra y el dolor de la división que afligen a este continente; y os prometo los esfuerzos de mi país para ayudar a superar estas pesadumbres. Sin duda, en Occidente debemos resistir la expansión soviética. Así que debemos mantener defensas de fortaleza inexpugnable. Sin embargo, buscamos la paz; así que debemos esforzarnos por reducir las armas en ambos lados.

Empezando hace 10 años, los soviéticos amenazaron la alianza occidental con una nueva y grave amenaza, centenares de nuevos misiles nucleares SS-20 más mortíferos, capaces de alcanzar todas las capitales de Europa. La alianza occidental respondió comprometiéndose a un contradespliegue a menos que los soviéticos se avinieran a negociar una solución mejor; a saber: la eliminación de tales armas en ambos bandos. Durante muchos meses, los soviéticos se negaron a regatear en serio. Mientras la alianza, a su vez, se preparaba para emprender su contradespliegue, hubo días difíciles, días de protestas como los de mi visita a esta ciudad en 1982, y después los soviéticos se retiraron de la mesa.

Pero durante todo el tiempo, la alianza se mantuvo firme. E invito a todos los que protestaron entonces, invito a los que protestan hoy, a que se fijen en este hecho: porque nos mantuvimos firmes, los soviéticos volvieron a sentarse en la mesa. Y porque nos mantuvimos firmes, tenemos hoy a nuestro alcance, no solamente la limitación del crecimiento de las armas, sino de eliminar, por primera vez, una clase entera de armas nucleares de la faz de la Tierra.

Mientras hablo, ministros de la OTAN se reúnen en Islandia para revisar el progreso de nuestras propuestas de eliminar estas armas. En las conversaciones de Ginebra, también propusimos grandes recortes en las armas ofensivas estratégicas. Y los aliados occidentales han hecho, así mismo, propuestas de gran calado para reducir el daño de la guerra convencional y para establecer una moratoria total sobre las armas químicas.

Mientras perseguimos estas reducciones armamentistas, os prometo que mantendremos la capacidad para aplacar la agresión soviética a cualquier nivel que pueda darse. Y, en cooperación con muchos de nuestros aliados, Estados Unidos está desarrollando la Iniciativa de Defensa Estratégica; una investigación para basar la disuasión no en la amenaza de una venganza ofensiva, sino en defensas que verdaderamente defiendan; en sistemas que, en pocas palabras, no apuntarán a poblaciones sino que las cobijaran. Por estos medios, perseguimos aumentar la seguridad de Europa y de todo el mundo. Pero debemos recordar un hecho crucial: Oriente y Occidente no desconfiamos el uno del otro porque estemos armados; estamos armados porque desconfiamos el uno del otro. Y nuestras diferencias no son sobre las armas sino sobre la libertad. Cuando el presidente Kennedy habló en el ayuntamiento hace 24 años, la libertad estaba rodeada, Berlín estaba bajo asedio. Y hoy, a pesar de todas las presiones ejercidas sobre esta ciudad, Berlín permanece segura en su libertad. Y la misma libertad está transformando el planeta.

En las Filipinas, en Sudamérica y Centroamérica la democracia ha renacido. A lo ancho del Pacífico, los mercados libres están obrando un milagro tras otro de crecimiento económico. En las naciones industrializadas, está teniendo lugar una revolución industrial, una revolución marcada por avances rápidos y dramáticos en ordenadores y telecomunicaciones.

En Europa, sólo una nación y aquellos que la controlan se niega a unirse a la comunidad de la libertad. Sin embargo, en esta era de redoblado crecimiento económico, de información e innovación, la Unión Soviética se enfrenta a un dilema: o hace cambios fundamentales o se hará obsoleta.

Así el día de hoy representa un momento de esperanza. En Occidente estamos listos para cooperar con el Este para impulsar la verdadera apertura, para romper las barreras que separan a las personas, para crear un mundo más libre y más seguro. Y, ciertamente, no existe un lugar mejor que Berlín, el punto de encuentro de Este y Oeste, para empezar. Pueblo libre de Berlín: hoy, como en el pasado, los Estados Unidos está por la estricta observancia y plena implementación de todas las partes del Acuerdo de las Cuatro Potencias de 1971. Aprovechemos esta ocasión, el 750º aniversario de esta ciudad, para guiar hacia una nueva era, para perseguir una vida incluso más plena y rica para Berlín para el futuro. Juntos, mantengamos y desarrollemos los lazos entre la República Federal y los sectores occidentales de Berlín, como permite el acuerdo de 1971.

E invito al señor Gorbachov: trabajemos para acercar las partes oriental y occidental de la ciudad, para que los habitantes de todo Berlín puedan disfrutar de los beneficios que se derivan de una de las más grandes ciudades del mundo.

Para abrir Berlín todavía más a Europa, Este y Oeste, ampliemos el vital acceso aéreo a esta ciudad, encontrando formas de hacer que el servicio aéreo comercial a Berlín sea más adecuado, más cómodo y más económico. Esperamos ver el día en que Berlín Occidental pueda convertirse en uno de los principales nodos aéreos de toda Europa central.

Con nuestros socios franceses y británicos, Estados Unidos está preparado para ayudar a traer encuentros internacionales a Berlín. Sería muy apropiado que Berlín sirviera de sede para los encuentros de las Naciones Unidas, conferencias mundiales sobre los derechos humanos y el control armamentístico u otros asuntos que requieren la cooperación internaciónal.

No hay mejor forma para afianzar la esperanza hacia el futuro que alumbrar mentes jóvenes y nos honraría patrocinar intercambios juveniles veraniegos, actos culturales y otros programas para los jóvenes berlineses del Este. Nuestros amigos franceses y británicos, estoy seguro, harán lo mismo. Y tengo la esperanza de que se pueda encontrar una autoridad en Berlín Oriental para patrocinar visitas de jóvenes de los sectores occidentales.

Una propuesta final, una que guardo cerca de mi corazón: el deporte representa una fuente de diversión y ennoblecimiento, y puede que hayáis notado que la República de Corea, Norte y Sur, se ha ofrecido a permitir que algunos eventos de las Olimpiadas de 1988 tengan lugar en el Norte. Las competiciones deportivas internacionales de todos los tipos podrían tener lugar en ambos lados de esta ciudad. Y ¿qué mejor modo de demostrar al mundo la apertura de esta ciudad que ofrecer en algún año futuro la celebración de los Juegos Olímpicos aquí en Berlín, Este y Oeste? En estas cuatro décadas, como he dicho, los berlineses habéis construido una gran ciudad. Lo habéis hecho a pesar de las amenazas, los intentos soviéticos de imponer la marca oriental, el bloqueo. Hoy, la ciudad prospera a pesar de los desafíos implícitos en la propia presencia de este muro. ¿Qué os mantiene aquí? Ciertamente dice mucho de vuestro valor, de vuestro coraje desafiante. Pero creo que hay algo más profundo, algo que tiene que ver con toda la imagen y sentido del estilo de vida berlinés; no un mero sentimiento. Nadie podría vivir por mucho tiempo en Berlín sin ser totalmente desposeído de ilusiones. Algo, en cambio, que ha visto las dificultades de la vida en Berlín pero ha elegido aceptarlas, que continúa construyendo esta ciudad buena y orgullosa en contraste con una presencia totalitaria envolvente que se niega a desatar las aspiraciones y energías humanas. Algo que busca una voz poderosa de afirmación, que dice sí a esta ciudad, sí al futuro, sí a la libertad. En una palabra, yo diría que lo que os mantiene en Berlín es amor; un amor profundo y duradero.

Tal vez, esto nos lleva al meollo de la cuestión, a la más fundamental de todas las diferencias entre Este y Oeste. El mundo totalitario produce retraso porque es tan violento con el espíritu, aplaca el impulso humano a crear, a disfrutar, a adorar. El mundo totalitario considera una afrenta incluso los símbolos de amor y adoración. Hace años, antes de que los alemanes orientales empezaran a reconstruir sus iglesias, erigieron una estructura secular: la torre de televisión en la Alexanderplatz. Desde entonces, las autoridades han trabajado para corregir lo que consideran el mayor defecto de la torre, tratando la esfera de vidrio que hay arriba con pintura y productos químicos de todo tipo. Sin embargo, aun hoy cuando el sol alumbra la esfera –esa esfera que se alza sobre todo Berlín– la luz forma el símbolo de la Cruz. Allí en Berlín, como la propia ciudad, los símbolos del amor, los símbolos de adoración, no pueden ser suprimidos.

Cuando, hace un momento, miré desde el Reichstag, esa encarnación de la unidad germana, observé unas palabras crudamente pintadas con spray sobre el muro, quizá por un joven berlinés: «Este muro caerá. Las creencias se hacen realidad». Sí, a lo ancho de Europa, este muro caerá. Porque no se sostiene ante la fe; no se sostiene ante la verdad. El muro no se sostiene ante la libertad.

Y me gustaría decir algo, antes de acabar. He leído, y me han preguntado desde que estoy aquí, acerca de ciertas manifestaciones contra mi visita. Y me gustaría decir sólo una cosa a los que se manifiestan. Me pregunto si se han preguntado jamás que si tuvieran el tipo de gobierno que aparentemente desean, nadie podría jamás hacer otra vez lo que ellos hacen.

Gracias, y que Dios os bendiga a todos.


*Post en homenaje al 21° Aniversario de la caída del Muro de Berlín.-


martes, 2 de noviembre de 2010

"Nosotros, el pueblo"


Sólo un año después que Obama asumiera la presidencia, su imagen empezó a desmoronarse. Al mismo tiempo, el partido republicano, que parecía irrecuperable, comenzó a tener voz nuevamente.


Este cambio no se dio abruptamente. Empezó con un pueblo que se sintió fatigado y condicionado por las circunstancias. Fueron ocho los años que gobernó George W. Bush, los últimos siete en guerra. Durante sus dos períodos presidenciales, la economía dio cierto respiro después del recorte impositivo, pero el gasto no cesó. La herencia que dejó Clinton, con su inviable medida de dar créditos inmobiliarios a insolventes, estalló en manos del republicano. Bush trató de frenar la crisis con los famosos “bailouts” o salvatajes. No funcionó.


El pueblo americano tenía demasiado peso en sus espaldas. Guerra, deuda e incertidumbre. Todo parecía negro, ciertamente, esperaban alguien que les diera ESPERANZA y CAMBIO. Esas dos palabras fueron usadas en la campaña de Barack Obama, quién hizo uso y abuso de su color, su falta de experiencia y su juventud, para gritar al unísono con sus compatriotas “¡SI, PODEMOS!” el mismo día que ganó las elecciones presidenciales.


Según transcurrieron los meses, las acciones del nuevo presidente empezaron a emanar cierto aroma populista y socialista; y los salvatajes a empresas quebradas no tenían freno. Mientras esto sucedía, un congresista republicano del estado de Texas (poco querido por el establishment de su partido), gritaba a los cuatro vientos que América había perdido el rumbo que sus padres fundadores le había legado. Ron Paul entraba en escena, y sus palabras tenían sentido. Las redes sociales se inundaron de vídeos, audios, notas y libros que hacían fuerte énfasis en dos puntos: por un lado; la economía, su funcionamiento y los problemas que traen la deuda y la emisión; y por otro, el incontrolable crecimiento del gobierno y sus pretensiones de dominar al individuo. La gran discusión había empezado. Ron Paul citaba a los padres fundadores. Obama seguía repitiendo “Cambio” y “Esperanza”. El partido republicano estaba devastado, y su voz era muy débil.


Aquellos conservadores que no coincidían con Obama y que descubrieron que el “Grand Old Party”* estaba siguiendo un camino contrario a los dictados en sus principios partidarios, fueron seducidos por Paul. Lo mismo sucedió con miles de jóvenes que bajo una bandera libertaria se unieron a las filas del congresista. La revolución había empezado. Conservadores y libertarios coincidieron en rescatar a la nación. La onda expansiva de estos nuevos patriotas llegó a cada rincón de Estados Unidos dando origen al movimiento “Tea Party”, que en sus objetivos, coincidía fielmente a los olvidados principios del Partido Republicano.


Esta coincidencia fue favorable para el GOP, y de la mano de Sarah Palin, no sólo se consiguió poner en jaque a las pretensiones socialistas de Obama, sino que dentro del mismo partido comenzó un lento proceso de depuración. Aquellos que llevaban la bandera del partido republicano, pero que en la práctica actuaban como empleados de lobbystas inescrupulosos, fueron bautizados como RINOs (Republicans In Name Only – republicanos solo en el nombre-). Bajo esta etiqueta, y con las pruebas correspondientes, muchos fueron desenmascarados, y reemplazados por los nuevos líderes del Tea Party, o como les gusta decir a ellos, por We The People (Nosotros el pueblo), haciendo honor al mandato de su Constitución, que expresa en estas tres palabras, que el poder se ejerce de abajo hacia arriba, y no en contrario.


Este grupo de individuos, que evitó ser muchedumbre para convertirse en un pueblo responsable que toma las riendas de su destino, hace creer a muchos que trae consigo el renacimiento de un nuevo Ronald Reagan, sin embargo, desde mi apreciación, es mucho más que eso. Con el Tea Party, renacieron Jefferson, Adams, Madison, Franklin, Washington, y los demás padres fundadores que supieron, con gran intelectualidad y buen criterio, formar la excepcional República Americana.


A sólo dos años de su llegada a la Casa Blanca, Obama está en problemas. Sus políticas estuvieron exentas de la cepa americana. Su soberbia, le jugó una mala pasada. No tuvo en cuenta que el lema de la tierra que lo vio nacer es “en Dios confiamos”, y no “en Obama confiamos”. El fue un simple empleado que no supo cumplir su función. Por lo tanto, hoy, dos de noviembre de dos mil diez, las encuestas predicen una gran derrota para el demócrata, quién en un desesperado movimiento, tildó a quienes lo cuestionan de “extremistas”. Es cierto, lo son. En ellos revive la frase que pronunció alguna vez el gran Barry Goldwater, quién expreso que “A la hora de defender la libertad, el extremismo no es ningún vicio. Y que, a la hora de defender la libertad, la moderación no es ninguna virtud.


En las manos de estos virtuosos patriotas, recae hoy, la gran responsabilidad de rescatar los valores que los forjaron como nación, y hacer de este, un mundo más libre. En nombre de la libertad, ojalá, que la gran revolución americana, vuelva a triunfar.


¡Qué Dios bendiga a los Estados Unidos de América, y a sus patriotas!


Virginia Tuckey.-


*Grand Old Party o GOP: Sobrenombre que se le da al Partido Republicano.

sábado, 11 de septiembre de 2010

¡Jamás Olvidaremos!


¡Y la bandera estrellada triunfante ondeará
Sobre la tierra de los libres y el hogar de los valientes!

11 de septiembre, 2001. A las 7:59 a.m., el vuelo 11 de American Airlines despegaba desde el aeropuerto Internacional de Boston, con destino a la ciudad de Los Ángeles. Luego de los procedimientos de rutina, a las 8:14am, la tripulación del vuelo 11 pierde contacto con el Centro de Tráfico Aéreo (ATC). El avión había sido secuestrado. Los terroristas habían tomado el control de la cabina e intentaron enviar un mensaje a los pasajeros, el cuál por error fue enviado al ATC: “Nadie se mueva. Todo va a estar bien. Si tratan de hacer algún movimiento, se pondrán en peligro ustedes y al avión. Quédense quietos”

Mientras tanto, en el mismo aeropuerto y tomando el mismo destino, a las 8:14 a.m. despegaba el vuelo 175 de United Airlines. La tripulación avisa que recibió una “transmisión sospechosa” de otro avión (casualmente, el vuelo 11), este fue el último contacto de los pilotos.

A las 8:44 a.m., el centro de control recibe la llamada de una azafata que manifestó: “Algo está mal. Estamos descendiendo rápidamente…”, “estamos volando bajo. Estamos volando muy, muy bajo. Estamos volando demasiado bajo”…” ¡Por Dios! ¡Estamos muy abajo!”. La llamada terminó. A las 8:46 a.m., el vuelo 11 de American Airlines se estrellaba en la Torre Norte del World Trade Center en la Ciudad de New York. Miles de personas murieron en el acto.

Los canales de noticias reportaban un accidente; en el mismo instante que el padre de Brian David Sweeney recibía una llamada de su hijo, quién se encontraba en el vuelo 175: "esto se está poniendo feo, papá…una azafata fue asesinada…parece que tienen cuchillos y Mace (spray pimienta)…dicen que tienen una bomba…está todo muy mal en el avión, los pasajeros están vomitando y sintiéndose mal…el avión está haciendo movimientos espasmódicos…creo que no lo está volando el piloto…creo que nos caemos…creo que intentan ir hasta Chicago y estrellarse en un edificio…no te preocupes, papá, si sucede, sucederá rápido…mi Dios!, mi Dios!”. El grito de una mujer se escuchó justo antes que la llamada se cortara abruptamente. A las 9:03 a.m. el vuelo 175 de United Airlines se estrellaba contra la Torre Sur del World Trade Center. Otras miles de personas murieron instantáneamente.

América estaba siendo atacada, el terrorismo había traspasado las fronteras y la silueta neoyorquina había sido mutilada. Los americanos no llegaban a entender cuál era el motivo de aquel acto, y trataban de comprender cuál fue el agravio que habían cometido que despertaba tanto odio hacia ellos. La respuesta más clara, la dio el entonces presidente, George W. Bush, cuando expresó: “Ellos odian lo que vemos aquí en esta sala, un gobierno elegido democráticamente. Sus líderes son auto-proclamados. Odian nuestras libertades; la libertad de religión, la libertad de expresión, nuestra libertad de votar, de reunirnos, y a tener desacuerdos”.

Lo que expresó el ex mandatario americano es la raíz de la cuestión. A los americanos los odian, los envidian; y no es para menos. Ellos dieron vuelta la historia del mundo. La Declaración de Independencia Americana fue la bofetada más contundente que recibieron los que se enorgullecían de su “sangre azul”. Ellos eliminaron la palabra plebeyo del diccionario. Ellos demostraron que “todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Ellos pusieron en jaque los totalitarismos y las mentiras monárquicas. Ellos demostraron que un granjero puede construir una república dónde no se rinde pleitesía a los parásitos. Ellos, de la nada, hicieron el mejor país que haya conocido la humanidad.

Esta es la excepcionalidad americana. Y esto es lo que se pretendía destruir el 11 de septiembre de 2001. Los terroristas hicieron lo suyo, y a su vez, muchos brindaban al unísono por la gran “hazaña” de Bin Laden, entre ellos, "intelectuales", maestros, ecologistas, empresarios, y hasta líderes de movimientos que llevan el estandarte de los derechos humanos.

La fiesta les duró poco. Por cada uno de los asesinados, decenas de miles de héroes salieron a combatir y enseñarles que una vez más “los que hacen la guerra contra los Estados Unidos han escogido su propia destrucción”

Nueve años después, aunque la guerra contra el terrorismo no ha finalizado aun, las redes del odio han sido acorraladas, y en gran parte desmanteladas.

Nueve años después, América sigue siendo la gran potencia mundial.

Nueve años después, el suelo americano no ha vuelto a ver el terror.

Nueve años después, volvemos a agradecer al pueblo americano y a sus soldados por defender la libertad del mundo entero.

Nueve años después, recordamos con tristeza el fallecimiento de las casi tres mil personas en los atentados del 9/11.

Nueve años después, New York sigue siendo LA GRAN CIUDAD.

Nueve años después, la llama de la libertad sigue encendida, y los libres del mundo juramos mantenerla viva, porque prometemos ¡NUNCA OLVIDAR!

¡Qué Dios bendiga a los Estados Unidos de América!

VIRGINIA TUCKEY.-

lunes, 10 de mayo de 2010

Arizona: ¿Ley o No Ley?, esa es la cuestión


La decisión de la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, de establecer una ley para hacer frente a aquellos que quieren habitar suelo estadounidense en la ilegalidad, ha traído una oleada de declaraciones de doble standard que pretenden confundir sobre la naturaleza de la ley.

Contra la misma se manifestaron no sólo artistas, sino también importantes mandatarios. Entre ellos, Felipe Calderón, presidente de los Estados Unidos Mexicanos, país que por medio de sus leyes opresoras se ha transformado en un país de emigrantes. Además de ser una nación que alberga en su interior a los más grandes carteles de drogas de Latinoamérica, las cuáles se extienden sin piedad por el resto del continente y del mundo.

El presidente mexicano ha declarado su disconformidad expresando lo siguiente: "Toda regulación que se centre en criminalizar el fenómeno migratorio (...) abre la puerta a la intolerancia, al odio, a la discriminación, al abuso en la aplicación de la ley"

Es muy curioso que estas declaraciones salgan de la boca de un mexicano, sobre todo, siendo el presidente de la nación. No nos olvidemos que este señor juró su presidencia sobre la constitución mexicana, la cual, expresa fervientemente una discriminación entre todo nacido en México y el inmigrante. La constitución del país azteca desconoce la igualdad del extranjero en los derechos laborales, por medio del artículo 32, que expresa que “Los mexicanos serán preferidos a los extranjeros en igualdad de circunstancias, para toda clase de concesiones y para todos los empleos, cargos o comisiones de gobierno en que no sea indispensable la calidad de ciudadano.” También prohíbe al extranjero meterse en política, en su artículo 9, que dice lo siguiente: “Solamente los ciudadanos de la República podrán asociarse o reunirse pacíficamente para tomar parte en los asuntos políticos del país”, complementándolo (para que no se mal interprete el término “ciudadano”) con el art. 33, que sostiene “Los extranjeros no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país.”

Evidentemente, un mexicano en Estados Unidos puede hacer lo que a un americano se le prohíbe en México, pero, como corresponde, de esto nadie habla, ya que puede quedar en evidencia la politiquería miserable de las republiquetas bananeras que se encuentran al sur del Río Grande.

Sin embargo hay algo que a Calderón preocupa muchísimo y lo destaca en su discurso al referirse “al abuso en la aplicación de la ley”. Es una consideración muy noble, y hasta podríamos decir un mea culpa por parte del mandatario, ya que cualquiera que lo escuche, y conozca en profundidad los problemas fronterizos de México, jamás va a pensar que hace referencia a la frontera norte, sino a la frontera sur. Es aquí, entre el límite de Guatemala y México que se cometen los más grandes agravios y violaciones contra los derechos humanos por parte de la ‘migra’ mexicana. Es en este mismo lugar donde los migrantes centroamericanos son revisados de la vuelta y el revés en búsqueda de documentación que avale la estadía en suelo mexicano, y si esto no se prueba, el detenido en cuestión será deportado, previo maltrato y despojo de bienes. Por supuesto, la constitución también se refiere al tema de la deportación, aclarando que “El Ejecutivo de la Unión tendrá la facultad exclusiva de hacer abandonar el territorio nacional, inmediatamente y sin necesidad de juicio previo, a todo extranjero cuya permanencia juzgue inconveniente.”(art.33). Así de conciso y fácil…Mrs Brewer, ¡vaya tomando nota!

Sin embargo, esta serie de contradicciones que se generan en una sola frase, no tienen ni el más mínimo de comparación con lo que continuó del discurso, dónde el presidente advierte que los inmigrantes mexicanos contribuyen al desarrollo del país del norte, a pesar que los americanos “llegan a rayar en la explotación de los trabajadores”.

Ante esta afirmación, Calderón debería tomar YA MISMO cartas en el asunto, para que sus paisanos no sufran en manos de los salvajes que viven en un mundo de explotación. Debería de exhortar a todos a volver a México, dónde los salarios (en blanco) son veinte veces más bajos que los de Estados Unidos (en negro), considerando por supuesto, que para obtener una paga se necesita trabajo, palabra que ya se va extinguiendo en la Latinoamérica que fervientemente aclama los derechos del trabajador a no trabajar.

Las declaraciones siguen, y no pierden la línea de inconsistencia. Esto llama mucho la atención, ya que es inconcebible que a un hombre preparado como es el presidente mexicano, se le escapen tantos detalles.

¿Habrá otro motivo por el cual, por medio de la demagogia, se intenta desviar la atención del verdadero problema que lleva al 70% de la población de Arizona a adoptar una ley para controlar la inmigración?, ¿Cuál es el verdadero problema?

Para responder esta pregunta, hay que observar el panorama en su totalidad. Antes que nada, tomemos la palabra "legal", que significa “prescrito por ley y conforme a ella”*. La ley, existe para ser cumplida. Hay leyes buenas y leyes malas, esta clasificación se puede obtener según los efectos que provoque la misma. Cuando un estado adopta leyes buenas, obtiene como resultado, prosperidad y libertad. Lo contrario pasa cuando se adoptan las malas. El hombre que vive bajo el yugo de las leyes que coartan las libertades y las riquezas, no va a dudar un minuto en aprovechar una oportunidad de evitar esta realidad.

El problema se plantea, cuando alguien se aprovecha de la libertad que le provee determinado sistema legal, pero evitando la conformidad con el mismo. Este es el ejemplo de los miles de individuos que entran a Estados Unidos buscando el sueño americano, el cuál es simplemente el producto de sus instituciones y leyes, y el respeto que los habitantes de estas tierras les conceden, ya que si así no lo hicieren, tendrían su freno o sanción. Lo que demuestra, que la igualdad ante la ley, no solo está para aquellos que la respetan, sino para aquellos que quieran pisotearla. Por ejemplo, un hombre honrando sale beneficiado, un ladrón termina preso, sin importar color, raza, o país de origen. Entonces, ¿qué pasaría, si lo ilegal se transforma en legal por el simple capricho de un presidente que pretende ser reelecto porque sus políticas lo han llevado al subsuelo de la popularidad por mal estadista? La respuesta es simple, el ladrón no iría preso, y los demás ladrones se sentirían incentivados al robo, creando un estado de caos. Y por supuesto...el presidente sería reelecto!

Llevando esto al escenario de los inmigrantes, la política debería ser la misma, el legal es un americano más, el ilegal debe ser sacado del sistema. Sin embargo, esto no sucedió en Estados Unidos, país que acoge a miles de inmigrantes, que desesperados, cruzaron fronteras de miedo, para simplemente poder comer a diario. Lo importante a veces es efímero ante lo urgente, y por eso el hambre pudo más que las leyes y las fronteras. Sin embargo, en la nueva tierra, es necesario acceder a ciertos ‘accesorios’ que permiten entrar en el sistema, lo que plantea un nuevo desafío -si los que pretenden obtenerlos están en un marco de ilegalidad-. Es aquí donde nace el primer gran problema, el robo de identidad. Miles de ilegales obtienen números de seguro social e identificaciones que pertenecen a terceros, para así poder acceder a servicios, tarjetas de créditos, etc. Esto benefició a los bancos que rápidamente crearon seguros contra el robo de identidad, pero provocó el enojo de aquellos ciudadanos que en la legalidad forjaron cuidadosa y responsablemente su credibilidad ante entidades crediticias, para ver todo destruido en cuestión de segundos. A pesar de esta situación, Estados Unidos evitó una política rigurosa de cumplimiento de la ley inmigratoria, incentivando así, más inmigración ilegal.

La falta de la aplicación de la ley, impulsó a que la inmigración ilegal ocupe más terreno, y vaya por mucho más. Según pasaron los años, el robo de identidad dejó de ser importante, no porque se haya detenido, sino porque un nuevo fenómeno le hacía sombra. Los carteles mexicanos irrumpieron con todas sus fuerzas en los estados del sur de los Estados Unidos de América, siendo Arizona uno de los más afectados.

El “Estado del cobre” y del Gran Cañón empezó a encontrarse con una realidad que desconocía por completo. Sus casas y propiedades empezaron a ser invadidas, sus habitantes tomados como rehenes en mano de hombres exageradamente armados. Las tapas de los diarios destacaban hechos en gran escala de casos de violaciones, torturas, trata de personas, bestiales asesinatos y cuerpos tirados por el desierto. Todas estas atrocidades tenían un punto en común, venían siempre de la mano de los integrantes de redes de narcotráfico mexicanas, sobre todo del cartel de Sinaloa.

Las costumbres de los ciudadanos empezaron a cambiar, el miedo dejó de ser algo poco común, y Phoenix, pasaría a la historia no solo por ser la capital de Arizona, sino también la capital NACIONAL de los secuestros.

Las redadas de los agentes de seguridad del estado no eran suficientes, ya que se enfrentaban a un enemigo que venía preparado como quién va a la guerra. Entre túneles que conectaban los países, equipos infrarrojos para cruzar la frontera y mucho armamento militar, los solados de la droga empezaron a condicionar la tierra de la libertad.

Ante este nuevo problema, el presidente Barack Obama, junto con el mandatario mexicano, Felipe Calderón, decidieron aunar esfuerzos para detener la violencia y el narcotráfico. Por parte del mexicano, además, se pudo escuchar la frase ‘guerra contra el narcotráfico’, al mismo tiempo que el presidente norteamericano, agregaba por su lado “que lo principal que necesitamos es mejor vigilancia”, pero que esto se adoptaría solo si “…los pasos que hemos tomado pueden suprimir algo de la violencia". Un año después la violencia sigue igual o peor, y las fuerzas de vigilancia nunca llegaron.

La impotencia de quienes reclaman seguridad, se transformó en un gritó que sobrevoló el mundo, después que el granjero Rob Krentz fue encontrado asesinado brutalmente en su propiedad. Este señor de 59 años, un típico ranchero americano, era uno más de los individuos indignados con la inmigración ilegal, sin embargo, sus vecinos lo conocían como ‘el que daba agua y comida a los ilegales’ que invadían sin tapujos su tierra. El haber sido respetuoso de las leyes, el haber pagado sus impuestos y el haber exigido seguridad, le valieron al granjero varios tiros a él y a su perro. Sus últimas palabras fueron ““illegal alien”…“hurt” (“inmigrante ilegal”…”herido”).

El caso Krentz fue la gota que rebalsó el vaso, y la gobernadora Brewer hizo un llamado a Obama para pedirle que despliegue las tropas de la Guardia Nacional en la frontera. El pedido no obtuvo respuesta, por lo que se promulgó la ley SB 1070. Una vez aprobada y firmada, los anitamericanistas de siempre pusieron el grito en el cielo, escupiendo improperios tales como “ley racista”, “ley de la Gestapo”, “ley que atenta contra los latinos”, “ley anti-inmigrantes”, y muchos etcéteras.

La verdad es que la ley SB1070, no es contra la inmigración como advierten los titulares de los diarios, sino que es contra la inmigración ILEGAL, o sea, contra aquellos que pasando por encima de todas las instituciones buscan beneficiarse de las mismas. Además, esta ley reivindica a aquellos inmigrantes que buscaron el sueño americano por medio de la legalidad, el esfuerzo y el trabajo duro que permitió que se destaquen en un país extranjero, tratando de imponer como incentivo el buen ejemplo, y no el malo.

Otra de las falacias a desmitificar es que la ley permite a las fuerzas de seguridad usar el método de la Gestapo de detener en cualquier lugar, en cualquier momento, a cualquier persona, para pedir documentación (método permitido en los países latinoamericanos). Lo cierto es que los papeles van a ser pedidos a posteriori que una falta se hubiese cometido. Por ejemplo, si un automovilista es detenido por conducir por encima de la velocidad permitida, y el mismo es extranjero (del país que sea) y no puede probar que está dentro de los parámetros de legalidad, será investigado y sancionado.

No es una ley compleja, ni contradice ningún principio de la declaración de independencia, ni la constitución nacional, ni la más mínima coma de ninguna enmienda.

El único pecado de Brewer es querer hacer cumplir las leyes de inmigración. La comunidad latina se siente muy agraviada ante semejante desatino, ¡cumplir la ley!, ¿para qué?, ¿acaso no se dan cuenta los americanos qué bien nos va en Latinoamérica con nuestro sistema del ‘todo vale, menos lo legal’? ¿Qué se creen estos ‘gringos’ para querer hacerle frente al narcotráfico?, ¿cómo se van a financiar campañas políticas y gobiernos de tíranos ?, ¿qué va a pensar nuestro amigo Ahmadinejad de nosotros? Son muchas los interrogantes de una gran parte de la comunidad latina, pero de nada deben preocuparse, Shakira se está ocupando del asunto, seguramente va a lograr mucho, ya que debe recibir el sabio consejo de su suegro, el fallido y nefasto ex presidente argentino Fernando De la Rúa.

Todo parece querer encontrar un rumbo, sin embargo, la lucha acaba de empezar. La paz de un gran estado se consume al fuego de las armas intoxicadas de odio y resentimiento, dejando a su paso las cenizas de víctimas inocentes. Las voces de los defensores de derechos humanos defienden al criminal una vez más, y muchos se alegran de ver el sueño americano amenazado.

A pesar de tanto esfuerzo, no lo van a lograr, pues les tengo una mala noticia; en la tierra de los hombres libres y valientes, el gran ave Phoenix, nuevo y resplandeciente, va a renacer en medio de las cenizas, para acompañar al Águila Calva, en su vuelo de perpetua libertad.

¡Qué Dios bendiga Arizona, y los Estados Unidos de América!

Virginia Tuckey.-

*www.rae.es

viernes, 30 de abril de 2010

La libertad y sus efectos; el comunismo y sus defectos


A lo largo de la historia el hombre hizo uso de sus capacidades para sobrevivir. Desde que salió de la cueva hasta el siglo XXI se observan cambios en la calidad de vida que son ciertamente fascinantes. En algunos grupos humanos de la antigüedad se han descubierto señas de canibalismo, práctica que se llevaba a cabo tanto por hambre como por ritual. Hoy, en el siglo XXI se discute sobre los alimentos tratados genéticamente y como los mismos pueden influir en la salud y la vida del ser humano actual.

El alimento es el combustible que mantiene vivo a un ser. Desde el hombre más primitivo al más moderno persiguieron al mismo como medio para sobrevivir, sin embargo, al último de los dos las condiciones en las cuales debe conseguir su sustento se presenta en un escenario mucho más sofisticado que al hombre antiguo.

Este proceso de evolución en las costumbres de buscarse el propio sustento llevó a que el mundo quede marcado por grandes revoluciones. En la prehistoria se vivía de la caza, la pesca y la recolección. El ser humano basaba su vida en buscar y planear la manera de conseguir su alimento, con el único fin de preservar su vida. Para llevar a cabo su cometido, el uso mismo de la fuerza no fue suficiente, por lo que el hombre debió ingeniárselas para transformar elementos de la naturaleza y utilizarlas como armas y herramientas que le facilitaban la tarea de cazar y pescar. Estas herramientas dan comienzo a lo que conocemos hoy como propiedad privada. En este escenario podemos descubrir las bases por las que se rige la naturaleza humana y su búsqueda de preservación.

Avanzando en el tiempo, el pescador y cazador descubre una nueva manera de subsistir. Esto es lo que conocemos como la revolución neolítica. La misma se desarrolla en la prehistoria, hace diez mil años. El hombre descubre la agricultura, se hace sedentario y se transforma en productor, dejando atrás la etapa de simple recolector. En esta etapa, la gran protagonista es la tierra, el pedazo de suelo que permite ejercer la agricultura, y donde el hombre no solo trabaja, sino que se instala permanentemente. En este punto podemos reconocer un hombre propietario de su tierra, sus herramientas y su vivienda. La propiedad privada se acrecienta, y es directamente proporcional al desarrollo.

El neolítico tuvo como consecuencia un aceleradísimo crecimiento de la población. El remanente de alimento dio la posibilidad de alimentar los hijos que luego se transformarían en productores. El crecimiento de la producción generó la necesidad de conservar los productos para poder hacer uso de los mismos en épocas de pérdida de la cosecha, por lo tanto se da nacimiento a la industria de la alfarería.

Todo este desarrollo no se daba de manera aislada, ya que existían diferentes clanes, y cada uno se fue especializando en diferentes tareas y áreas, lo que llevó al intercambio comercial por medio del trueque.

El simple hecho de saber que el pedazo de suelo que era fuente de riqueza no iba a ser expropiado llevó al hombre a su primer gran revolución. En el neolítico la propiedad permitió el inicio de la historia, de la industria, la escritura y la producción. Comienza en esta era el predominio del hombre.

Tuvieron que pasar diez mil años para que el hombre lleve a cabo una revolución que tuviera la fuerza de desarrollo que provocó el neolítico. Esta es la revolución industrial, que se lleva a cabo en la segunda mitad del siglo XVIII en Inglaterra. Aparece la “máquina” para reemplazar el trabajo manual, lo que facilitó la tarea del hombre y permitió producir más en menos tiempo, lo que puede traducirse también como, más riqueza con menos esfuerzo.

Y en este punto nos vamos a detener para hacer una comparación entre el neolítico y el mundo del siglo XVIII. Hace diez mil años el hombre subsistía con sus propios medios, en un estado absoluto de libertad, simplemente condicionado por la naturaleza y sus propias limitaciones físicas, condicionamiento que superó con el uso de la inteligencia. En la Europa del siglo XVIII, las monarquías estaban enquistadas en todos los países, con reyes que se consideraban los elegidos de Dios en la tierra. Esto también pasaba en Inglaterra, pero con una gran diferencia con respecto a sus vecinos europeos. La monarquía inglesa tenía un perfil comerciante que a su vez dio libertades a sus súbditos permitiéndoles el cercamiento de las propiedades y cierta libertad de comercio, además de impuestos reducidos. Esta pequeña diferencia llevó a que la revolución industrial se pueda llevar a cabo en esa parte del mundo.

La revolución industrial inglesa no se dio de un día para otro. Comenzó con la revolución agrícola, que por medio de la mecanización del trabajo en el campo la producción se incrementó. A esto le siguió la revolución demográfica, ya que el hombre abandonó la zona rural para establecerse en las ciudades para trabajar en las industrias; y por último se da lugar la revolución productiva, donde se desarrollaron el sector industrial (textil y siderúrgico) y el de los transportes (ferrocarril).

La verdadera revolución en Europa no había sido la francesa sino la inglesa. La primera falló porque simplemente reemplazo al monarca por el emperador, su máxima invención fue la guillotina. En la segunda se demostró una vez más lo que la libertad y la propiedad privada provoca en el ser humano. La mente no solo logra satisfacer sus necesidades más básicas, sino que abre caminos a nuevos mundos, ampliando el mercado, creando cada vez mayor cantidad de riquezas, que es exactamente lo que se necesita para eliminar la pobreza y la indigencia.

Todo parece muy lógico, sin embargo, la historia no solo está hecha de revoluciones exitosas, sino de mentiras devastadoras. Entre las mismas, y creo la más importante, es la expresada por Karl Marx y Friedrich Engels, en su panfleto llamado “El manifiesto comunista”. Estos dos aspirantes a intelectuales propusieron crear un hombre nuevo. Este hombre nuevo nacía con el llamado comunismo. Pero solo una masa de iluminados podía llevar a cabo tal empresa, los proletarios. El proletario, según Marx, era extirpado de su producción por el burgués, y por esta infamia nacía la lucha de clases.

Para solucionar tremendo problema, se propuso una increíble solución. El proletariado era el indicado para acceder al Estado, para luego, por medio de la destrucción de la propiedad privada, eliminar el fastidioso dinero, a los indignos burgueses, y finalmente al Estado mismo.

Lamentablemente esta teoría irracional, conquistó la mente de muchos pueblos que se encontraban ofuscados por tiranías y monarquías. Pueblos que no comprendieron que la libertad significa ser libres y no embargar la misma a cambio de una prosperidad que nunca iban a obtener. Esto sucedió en Rusia, y pudimos observar el comunismo en su máxima expresión. Desapareció todo vestigio de propiedad privada, el hombre ya no hacía uso del dinero, pues no había. Tampoco producía remanente, pero por supuesto tampoco comía, al menos que pudiera soportar las largas colas semanales para conseguir un puñado de mijo.

Ciertamente Marx provocó con su teoría la desaparición de burgueses de la propiedad privada, pero nunca predijo que su pretensión de ciencia sería una falacia, ya que un estado que posee todo, no solo no desaparece, sino que se vuelve imponente y opresor.

Hay mucho más para decir sobre las mentiras y las barbaridades que escribieron Marx y Engels, pero es en vano seguir con la dialéctica cuando los hechos demostraron las lamentables consecuencias de la teoría de los fatídicos filósofos.

Entonces, hasta aquí, tenemos tres ejemplos de revoluciones que cambiaron el estilo de vida de la humanidad, o al menos de un grupo humano.

Cuando nos referimos a la revolución neolítica y la industrial en Inglaterra, podemos observar que no se necesitó de mucha teoría o de pertenecer a cierto grupo social para poder lograr un desarrollo que mejore la calidad de vida. Simplemente se tienen que dar las condiciones para que el hombre haciendo uso de su fuerza y razón, logre progresar. Estas condiciones son específicamente tres; la libertad, el pleno uso de la propiedad y el respeto por la vida. Con la primera se consigue la segunda, para conservar la tercera. Es el curso natural del hombre y su interacción con la naturaleza.

Sin embargo, en la tercera revolución, la Marxista, que llamó a pulir al hombre y hacerlo de “nuevo”, a eliminar la propiedad y las ambiciones humanas, lo único que se logró fue atraso, hambre y muerte. El hombre intentó condicionar su propia naturaleza, pero esta lo condicionó a él.

El legado de las revoluciones de la libertad fueron las artes, la escritura, la agricultura, las fábricas, la máquina de vapor, el avión, y podemos seguir contando por un largo rato.

El legado del comunismo es el siguiente*:

- URSS, 20 millones de muertos.

- China, 65 millones de muertos.

- Vietnam, 1 millón de muertos.

- Corea del Norte, 2 millones de muertos.

- Camboya, 2 millones de muertos.

- Europa del Este, 1 millón de muertos.

- Hispanoamérica, 1.500.000 muertos.

- África, 1,7 millones de muertos.

- Afganistán, 1,5 millones de muertos.

- Movimiento comunista internacional y partidos comunistas no en el poder, unos diez mil muertos.

Cien millones de muertos, y sin embargo Marx está más vivo que nunca. Las ideas no se matan, pero hay ideas que si lo hacen… ¿hasta cuándo?

Virginia Tuckey.-

*Datos extraídos del Libro negro del comunismo.

viernes, 15 de enero de 2010

Lula, ¿Cristo o Castro?


En los pasillos del mundo se murmura el nombre del presidente brasilero como el líder del nuevo orden económico mundial. Se presume además que muy pronto su liderazgo va a llevar a que Brasil y países con los que está aliado saquen el protagonismo a los Estados Unidos de América. Esto provoca una satisfacción especial en aquellos que sueñan más en la caída de lo que ellos denominan el ‘imperio’ que en el crecimiento personal; además de suscitar falsas ilusiones en habitantes de países gobernados por izquierdas nefastas dónde sólo una falsa esperanza es el combustible que ayuda a subsistir.

Pero como dice el dicho, “no todo lo que brilla es oro”, y este es el caso de Lula da Silva. El obrero devenido en sindicalista y luego en presidente por el PT (Partido dos Trabalhadores) gana las elecciones en el año 2003 luego de varios intentos fallidos. Su bandera política siempre fue la izquierda recalcitrante, y sus objetivos eran, romper con el sistema, llevar adelante la reforma agraria, luchar contra la inflación, la pobreza y la corrupción.

Cuando Lula asume, la economía brasilera estaba acomodada y los graves problemas inflacionarios habían quedado en la historia con el ‘Plan Real’, instaurado en el año 1994 por Fernando Henrique Cardozo, quién entonces era Ministro de Hacienda. Tampoco hay que olvidarse de la fuerza empresarial brasilera, que controla muy de cerca al gobierno y es parte fuertemente activa de todas las decisiones económicas del país. Así funcionaba Brasil antes del 2003 y siguió ese camino con Lula. No fue él quien impulsó el crecimiento sostenido del país. Su política fue la de seguir con el modelo preestablecido, conducido básicamente por los empresarios, y no por los verdaderos deseos marxistas del líder del PT y de quienes votaron por él. Podemos concluir entonces que sus promesas sobre inflación y pobreza tienen poco de mérito propio.

Sin embargo, lo que muchos compraron de Lula fue su promesa de lucha contra la corrupción. Él mismo hizo grandes ademanes de estar llevando a cabo la iniciativa, hasta que salió a la luz ‘el escándalo de las mensualidades’, que no era nada más ni nada menos, que la acusación que recayó sobre el tesorero del PT de pagar escandalosas sumas de dinero a diputados, para conseguir el voto en proyectos oficialistas. El presidente brasilero, indignado, manifestó que desconocía completamente este accionar, y además, agregó que fue una acusación para desestabilizar a su gobierno. ¿Realmente fue tan iluso el que anteriormente, cómo líder sindical, movía a miles de personas a manifestaciones que lograron debilitar el poder de la dictadura brasilera?, ¿fue tan poco perspicaz quién (siempre en figura de líder) logró tener más de cuarenta días a trescientos mil ‘trabajadores’ en huelga?, muchos aseguran que no y que da Silva conocía perfectamente el entramado de las ‘negociaciones’ en el Congreso.

Hasta este punto, nos encontramos con un estilo de presidente al que Latinoamérica nos tiene acostumbrados. Nada del otro mundo, mucha demagogia y demasiada propaganda. Entonces, ¿por qué Luiz Inacio despierta tanta admiración?, ¿qué está haciendo por el mundo?, ¿tanta importancia tiene que un país aloje los juegos olímpicos o el mundial de fútbol?, ¿o será demagogia pura?, veamos.

Corría el año 1990, el muro de Berlín había caído y la catástrofe soviética ya no tenía más opción que disolverse. Ante tremenda derrota del régimen comunista, Fidel Castro vislumbró que quedaba en soledad, por lo que encargó al líder del PT, Lula, la convocatoria de grupos de izquierdas y de guerrilleros, a una convención en la ciudad de Sao Paulo. Da Silva, siguiendo el pedido de su admirado Castro, no perdió el tiempo, y llevó a cabo la reunión.

Este encuentro, conocido como ‘El foro de Sao Paulo’ es la continuación de la Conferencia de OLAS, celebrada en La Habana en el año 1967, con el objetivo de extender la revolución cubana al resto de Hispanoamérica mediante la lucha armada como único medio de conquista. La misma tuvo éxito en cuanto a su expansión, pero no lograron el objetivo de someter a Latinoamérica entera como habían hecho con Cuba. Lamentablemente, esos grupos que parecían ya debilitados y sin trascendencia alguna, se reencontraron, se unieron y plantearon similares objetivos para nuestro continente. El cambio solo se da en el ‘como’ llevar adelante la cubanización continental. De ahora en más, buscan acceso al gobierno por vías democráticas, para luego destruir las instituciones desde adentro, vendiendo una imagen de ‘socialistas moderados’.

Lula, ‘el moderado’, no sólo fue el responsable de organizar el Foro de Sao Paulo, sino que además, es quién fomenta y da apoyo estratégico a los países inmersos en lo que gustan llamar ‘socialismo del siglo XXI’. Ni Kirchner, ni Correa, ni Morales, y ni siquiera Chávez tendrían tantas chances de someter a sus países si no fuera por el incondicional apoyo y manejo estratégico de da Silva.

El presidente brasilero hace sus negociados armamentísticos con el líder de la patria que fomenta libertad, igualdad y fraternidad. A su vez Brasil vende aviones de guerra a Venezuela, y esta financia con el dinero del petróleo a los candidatos ‘revolucionarios’ en los diferentes países latinoamericanos. Esta ingeniería de la toma del poder, llevó a que, en menos de veinte años, la mayoría de los países de Sudamérica estén gobernados por miembros del foro de Sao Paulo, o sea, por el marxismo, leninismo, castrismo, guevarismo, etc.

Sus objetivos son claros y no intentan disimularlos. Empiezan por destruir las fuerzas armadas, siguen con los medios de comunicación y la anulación del poder de los congresos, dónde son mas amigos de la oposición que de sus propios partidarios, creando así la farsa de los opositores que balbucean acusaciones que fortalecen al supuesto enemigo.

Cuando un país se les rebela, como fue el caso de la caída de Zelaya en Honduras, el verborrágico Chávez amenaza con la intervención armada en defensa de lo que él considera democracia, a la vez que la desfachatez del ejecutivo argentino manda mensajes sin sentido imitando a los vecinos de Ecuador y Bolivia. Sin embargo, el que realmente se destacó fue el ‘moderado’ Lula da Silva, comparando la situación del país con golpes militares, intentando confundir dictadura con el rechazo a la misma. Con poco éxito ante el pueblo hondureño, y no conforme con lo declarado, puso a disposición de Zelaya la embajada de Brasil en Tegucigalpa, dando lugar a la ebullición social, con todo lo que esto significa. Afortunadamente, tampoco tuvo éxito con esto último. De todos modos, el líder del país de la scola do samba, declaró que no iba a reconocer al presidente elegido democráticamente por los electores hondureños en noviembre del año 2009. ¡Un verdadero demócrata bolivariano!

Pero este brasilero no sólo sabe de democracia, sino que además encontró la solución al problema de la crisis económica mundial. El mismo declaró que en el Manifiesto Comunista de Engels y Marx existen "recetas útiles" e "ideas audaces" para hacer frente a la crisis internacional. Evidentemente no sabe de lo que habla, ya que el panfleto marxista carece en su totalidad de recetas e ideas útiles y audaces. Con estas afirmaciones reafirma lo que alguna vez manifestó en una entrevista, cuando dijo “No me gusta leer. Me aburre…. Con dos páginas ya tengo sueño. Prefiero la tele, esto sí me encanta! Y cuanto más basura mejor”. Lo de la basura quedó más que claro, ¿será por eso que dijo que “Chávez es el mejor presidente que tuvo Venezuela en los últimos cien años”?.

Indiscutiblemente, Lula no es lo que quiere aparentar. Pretende ser algo que no es, para engañar, y así, de a poco, transformar el cono sur en la Unión de Repúblicas Socialistas Sudamericanas. Sus pretensiones van más allá del pernicioso intervencionismo estatal. Este ex tornero no solo es adulador de Castro, sino que también se abraza con Ahmadineyad. Argumenta que hay que conversar con todos para lograr la concordia, y es por este espíritu de amor y paz que defendió el plan nuclear iraní, dejando en claro, que apoya la política de aquél que se regocija incitando a la destrucción y desaparición del estado de Israel y de la cultura occidental. ¿Qué pensarán los brasileros de este nuevo amigo de Brasil?, ¿qué correrá por la cabeza de las cariocas que semi-desnudas toman sol en Ipanema?, ¿conocerán el significado de la palabra ‘burka’?; ¿Cómo se vería el carnaval de Bahía al estilo del fundamentalismo musulmán?. ¿y qué pasaría con las incorregibles y altaneras feministas?. ¿Qué está fomentando Lula con su diálogo y ‘tolerancia’?.

Las preguntas son muchas, pero la respuesta a todas es una sola. Lula es un polizón en la nave de la libertad, dónde de a poco subió a cubierta, y cuando nadie se dio cuenta, se transformó en el gran capitán. La nave de la libertad de a poco va girando, y estamos volviendo en sentido contrario; sin embargo, la tripulación sigue creyendo que el viento en contra es culpa del cambio climático y no de que emprendimos viaje de retorno a los mares de tempestades. Algunos parecen darse cuenta, pero los 'esclarecidos', soberbiamente arguyen que es imposible volver atrás.

Lula sigue siendo admirado. Zarkozy está ayudando. El comité olímpico y la FIFA también. La gran farsa necesita un disfraz, para que el brasilero no muestre sus ‘colores verdaderos’. Quiere ser Cristo y negociar con Judas. Se parece más al último, por lo traidor. Pero Lula no es Judas; Lula no es Cristo. Lula es Castro.


Virginia Tuckey.-