lunes, 4 de febrero de 2013

Barack Obama y su discurso colectivista – Parte II



En la primera parte, este artículo destacaba la idea principal del discurso inaugural del Presidente Obama: el colectivismo. En esta segunda y última parte, hay otros puntos muy importantes que plantea el mandatario y que deben ser tenidos en cuenta para comprender el camino errado por el que Obama pretende orientar a Estados Unidos y el mundo.
Siguiendo en su línea colectivista, el presidente Obama advirtió que aquellos que no sufren necesidades en su país, son aquellos que tuvieron “suerte”. Al poner esta falaz etiqueta a aquellos que consiguieron su fortuna con gran esfuerzo, intentó justificar las dádivas del gobierno. Obama afirmó:

No pensamos que la libertad esté reservada para quienes tuvieron suerte o la libertad para los pocos en este país. Reconocemos que cualquiera de nosotros, sin importar cuán responsablemente nos conduzcamos en nuestras vidas, puede sufrir la pérdida del trabajo o una enfermedad súbita, o perder la casa a causa de una horrenda tormenta. Los compromisos que nos vinculan el uno al otro a través de Medicare, Medicaid y Seguridad Social, estas cosas no minan nuestra iniciativa, sino que nos fortalecen.  Estos programas no nos convierten en una nación de aprovechados, sino que nos liberan para asumir los riesgos que engrandecen a este país.
Luego destacó: “Rechazamos la idea de que Estados Unidos deba escoger entre cuidar a la generación que edificó este país o invertir en la generación que construirá su futuro”.
Nuevamente, el presidente hace caso omiso de la realidad. El sistema sanitario en Estados Unidos está quebrado. Las generaciones futuras no tienen asegurada la salud, pero sí tienen asegurada una deuda inmoral que deberán pagar por algo que nunca van a poder obtener a menos que se lleve a cabo una reforma.
Con estas apreciaciones, el presidente Obama demuestra un inmenso desconocimiento de sus compatriotas y de las raíces del carácter que formó la nación que hoy preside él. Olvida que las bases de la libertad en Estados Unidos no sólo fueron cimentadas por el intelecto de los Padres Fundadores sino, fundamentalmente, por la generosidad que caracterizó al pueblo americano desde los inicios de la gran nación.
Ser generoso hace creer en la generosidad de los demás, y es la raíz de creer en el ser humano, el individuo y sus acciones. Ser generoso y creer en la generosidad de los demás, permite forjar una nación de hombres libres que no abandonan a sus pares ante los infortunios de la vida.
Luego, como era de esperar, no faltó su enfática alusión a los movimientos ecológicos.  Expresó: “seguiremos respondiendo a la amenaza del cambio climático sabiendo que, si no actuamos, traicionaríamos a nuestros hijos y a las generaciones futuras. Algunos todavía negarán el dictamen abrumador de la ciencia, pero ninguno puede evitar el impacto devastador de los incendios pavorosos, las sequías catastróficas y las tormentas más potentes”.
Observamos aquí que los “dictámenes abrumadores de la ciencia” de hoy no son los mismos que los “dictámenes abrumadores de la ciencia” de hace unos años, por lo cuál el Presidente tuvo que modificar su vocabulario. En su libro La Audacia de la Esperanza: Reflexiones sobre el Sueño Americano, el mismo Obama expresa que “cree en el calentamiento global” y no hace referencia alguna a lo que ahora se refiere como “cambio climático”.
Manifestó también lo siguiente: “No podemos ceder a otras naciones las tecnologías que pondrán en marcha nuevos empleos y nuevas industrias, debemos adueñarnos de la promesa que ofrecen dichas tecnologías.”
Esto lo dice mientras la tecnología estadounidense está siendo robada por China y utilizada estratégicamente contra la seguridad americana sin control alguno.
Prometió que “está llegando a su fin una década de guerra”. Pareciera que las guerras no se ganan ni se pierden, sino que se dictamina el fin por capricho. Pareciera que mientras arde Medio Oriente, la frontera sur del país es invadida por los señores de la droga y Latinoamérica acoge guerrillas y pactos con países cómplices del terror, Obama no se entera de que las guerras comienzan antes de pegar el primer tiro y que Estados Unidos y sus libertades son blancos de estas redes criminales.
Pero hubo más. Una de las frases más increíbles de este discurso fue la siguiente: “No podemos confundir el absolutismo con los principios, ni sustituir la política con el espectáculo, ni tratar los insultos como un debate razonado”. Esto lo dice el presidente que acaba de acusar a los medios críticos con su gobierno de trabar las políticas que él es incapaz de llevar a cabo, es el mismo Obama que estaba en Las Vegas con Eva Longoria de campaña presidencial mientras cuatro diplomáticos fueron asesinados en Libia por la falta de seguridad que él les negó. Es el mismo que hace deferencias al absolutismo al romper la libertad religiosa y al hacer oídos sordos al golpe de Estado llevado a cabo en Venezuela en diciembre pasado.
Barack Obama tiene cuatro años más por delante. Su discurso inicial del segundo mandato reveló ideas que encierran gran peligro. Al no mencionar los problemas económicos dejó entrever que no cambiará su fallida visión.
Obama dijo que la Declaración de Independencia contiene muchos “sin embargos” y que la “vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad” deberían depender de una acción colectiva, porque los tiempos cambian y el individualismo está fuera de moda.
Barack Obama no ha cambiado. Imagina el futuro de la misma manera que lo hizo la primera vez que llegó a la Casa Blanca hace cuatro años cuando pedía aprobación a su “Ley de Recuperación y Reinversión de 2009”, que sería la herramienta para lograr en cuatro años, según prometió, un desempleo de 5.6% y una recuperación económica eficiente y sin daños colaterales.
Hoy el déficit presupuestario de Estados Unidos es cada vez mayor, la deuda tocó el récord histórico de 16 billones de dólares y el desempleo no ha bajado del 7.8% durante todo el período de la primera administración Obama.
El presidente, sin embargo, nos dejó una frase en su discurso que difícilmente podrá olvidar el mundo. Prometió “la paz en nuestros tiempos”, idéntica frase que en el año 1938 pronunciara ingenuamente el primer ministro británico Neville Chamberlain para referirse a la paz con Hitler.
Por el bien del mundo y por la libertad que está en juego, es el deseo de quién les escribe que la “paz en nuestro tiempo” sea un verdadero objetivo y no una visión torpe del mundo y sus tiranos. La única manera de lograrlo es preservando y defendiendo las libertades que los Padres Fundadores han legado a los americanos. Como bien dijo Ronald Reagan: “Si perdemos la libertad en Estados Unidos, no habrá lugar para escapar. Esa será la última batalla en la Tierra”.
Virginia Tuckey.-
Exclusivo para Fundación Heritage www.libertad.org 

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